
Bahía Blanca. La gestión política provincial está en un estado de metástasis terminal y la perpetua dirigencia bonaerense su gran responsable. Son parte del problema y ya nunca serán parte de la solución. Se requiere cirugía mayor electoral para extirpar las células cancerígenas que son los eternos, corruptos e ineptos dirigentes bonaerenses. Impulsar un recambio total de actores y de formas es la única vía posible para una transformación esperanzadora.
El sistema político provincial ha colapsado en todas sus áreas de incumbencia.
No funciona el Poder Ejecutivo con su veintena de ministerios y su ejército incuantificable de funcionarios inoperantes, no funciona el Poder Legislativo que sólo sesiona para interés de ellos mismos y no funciona el Poder Judicial que garantiza impunidad a la política bonaerense.
En el Poder Ejecutivo hace más de 25 años que los gobernadores son porteños. Carecen de identidad bonaerense. Algunos ganaron el cargo con la anuencia de la Suprema Corte de Justicia en flagrante ilegalidad constitucional. Ni bonaerenses ni residentes en la provincia.
Yendo al Poder Legislativo, la alevosía del caso “Chocolate Rigau” dejó al desnudo la tremenda e inveterada corrupción de ese poder provincial, hecho aquel, ya cauterizado y complotado para que sólo caiga algún perejil; cuya tajada contra su silencio ya estará asegurada. La caja de la legislatura es el cuerpo del delito más brutal de la política bonaerense. Todos cómplices. Todos impunes.
El Poder Judicial en medio de semejante latrocinio estatal no ha impuesto condenas ni en la más mínima proporción a la fenomenal expoliación del erario provincial. Los políticos bonaerenses saben de antemano que no habrá sanción alguna a pesar de que todo sea alevoso. Para muestra sobra un botón si nos acordamos del yate “El bandido” por citar uno de los miles de episodios corruptos del paisaje provincial. No funcionan tampoco los órganos de control. Todo está amañado por los intereses políticos.
Las principales áreas de gestión provincial están todas colapsadas, principalmente la seguridad, la salud, la educación, la obra pública y la economía productiva. Y la mayoría de los organismos provinciales están infectados de corruptelas, atraso y decadencia. La infraestructura bonaerense de las grandes obras y la de sus dependencias en estado ruinoso. Comisarías, escuelas, hospitales, oficinas, etc., los ejemplos más trágicos; y lo peor, las rutas por donde en pleno Siglo XXI para sobrepasar un vehículo hay que invadir el carril contrario en un mano a mano con la muerte; hecho superado en la mayoría de los países del mundo que progresa.
Y uno de los mayores problemas, consecuencia de toda la disfuncionalidad organizacional, es la pobreza que resulta inexplicable en uno de los territorios más ricos del planeta; con su pampa fértil, su potencialidad productiva y exportadora, sus extraordinarias bellezas turísticas, su enorme mar argentino, sus activos portuarios y un largo etcétera. Y por supuesto un fenomenal recurso humano. En vez de enseñar a pescar; hace décadas que les llevan unas migajas a la boca para tenerlos dominados políticamente que es lo que persiguen. El populismo en su estado más decadente.
La corrupción es endémica en toda la institucionalidad provincial y municipal, y ese mal, el verdadero y determinante obstáculo que impide cualquier avance. Incluye la policía y el servicio penitenciario con sus pactos “non sanctos”, pasando por las enormes coimas del juego, la justicia cómplice de la impunidad de los funcionarios corruptos, los curros del banco provincial, las municipalidades y los manejos enviciados de los grandes contratos, la amañada contratación de la obra pública, etc.; además de los puertos descontrolados, los astilleros cooptados, ahora el negociado de las multas de tránsito y los infinitos “kioskos” que abastecen mes a mes, año a año y mandato a mandato a los dirigentes corruptos.
Lo endémico abarca lo electoral por demasía, donde las campañas electorales después de más de 40 años de democracia ininterrumpida no tienen una ley de financiamiento provincial ni municipal; sin que resulte casualidad. Todos cómplices. La gran caja negra de las campañas siempre a pleno y sin control alguno.
Entre otras cosas irresolutas y muy importantes para los vecinos bonaerenses, todavía la Provincia de Buenos Aires sigue sin cumplir con el artículo 123 de la Constitución Nacional que encuadra la autonomía para los municipios como forma de organización. Más de 30 años en ilegalidad.
Otra vez elecciones en este 2025, otra vez los mismos de siempre con su sanata repetida, otra vez las mismas formas corruptas, otra vez las mismas vanas promesas electorales y otra vez el círculo vicioso de nunca acabar. Hace 20/30 años que están los mismos personajes en la rosca del poder provincial, ellos ricos y poderosos, frente a un panorama que ya no resiste más decadencia. De mal en peor. Las formas siempre son las mismas: improvisadas y corruptas operando una matriz de gestión totalmente metastásica.
El progreso es una palabra invisible en la gran Provincia de Buenos Aires. A diferencia de otros lugares, aquí los avances son imperceptibles. El diagnóstico debe machacarse: “Los mismos políticos de siempre y sus crías son parte del problema no de la solución”. “Y la embrutecida y corrupta matriz con la que gestionan guadaña cualquier destino progresista”. Hartan con su mediocridad.
Hasta que no surja una nueva clase de dirigentes formada por ciudadanos decentes, independientes y profesionales no habrá ningún gran cambio en la provincia más grande del país; la que podría ser una locomotora de desarrollo incomparable para toda la nación. Para entender la dimensión del desastre: Los Países Bajos tienen una superficie casi 10 veces menor que la provincia de Buenos Aires y exporta más de 10 veces que toda la Argentina. Hay que fortalecer la creencia en la sociedad de que es necesaria una clara ruptura con el sistema corrupto imperante.
En muchos países un día las sociedades despertaron. Como decía Albert Einstein: “Locura es seguir intentando lo mismo y esperar resultados distintos”.

