
Buenos Aires. El pasado 9 de junio, el portacontenedores singapurense Wan Hai 503 sufrió una violenta explosión mientras navegaba por el mar Arábigo, a unos 130 kilómetros de la costa de Kerala, India. El incidente dio paso a un incendio de gran magnitud que se propagó con rapidez por la estructura del buque, poniendo en riesgo tanto a su tripulación como al ecosistema marino.
A bordo viajaban 22 tripulantes. Dieciocho de ellos fueron rescatados por unidades de la Guardia Costera y la Armada india; varios presentaban quemaduras de gravedad. Cuatro marineros permanecen desaparecidos.
El carguero transportaba mercancías peligrosas, entre ellas líquidos inflamables, sólidos combustibles y sustancias tóxicas. Este tipo de carga intensificó el fuego y dificultó las operaciones de contención. Como consecuencia del siniestro, el buque quedó escorado entre 10 y 15 grados, provocando la caída de contenedores al mar y generando temor ante un posible derrame de aproximadamente 100 toneladas de combustible búnker.
Las autoridades indias, en colaboración con Singapur, activaron un sistema de monitoreo de derrames para modelar la posible dispersión de hidrocarburos. Imágenes satelitales obtenidas el 14 de junio confirmaron la presencia de manchas oleosas en la superficie marina, aunque de alcance limitado.
La atención ahora se centra en dos frentes: la búsqueda de los tripulantes desaparecidos y el control ambiental del área afectada, una zona clave para las rutas marítimas del océano Índico. El incidente plantea nuevamente interrogantes sobre el manejo de cargas peligrosas y los protocolos de seguridad en el transporte marítimo internacional.
Por: Redacción

