Durante años, Israel e Irán libraron una guerra “por delegación” —o proxy war— a través de terceros: milicias como Hezbollah en Líbano, los hutíes en Yemen o enfrentamientos indirectos en Siria. Pero en los últimos días, esa lógica se quebró. Con ataques directos como el bombardeo israelí sobre instalaciones nucleares y el Ministerio de Defensa iraní en Teherán, y la posterior respuesta con misiles sobre ciudades israelíes, el conflicto entró en una nueva fase.
Ya no hay intermediarios: dos potencias regionales se enfrentan abiertamente, y el riesgo de una escalada generalizada se intensifica. Lo que antes eran advertencias diplomáticas hoy son misiles en vuelo.
El saldo de los últimos tres días confirma ese giro: al menos ocho muertos en Israel, más de 70 en Irán, y el estrecho de Ormuz —paso estratégico por donde transita el 20% del petróleo mundial— nuevamente bajo amenaza.
El petróleo, en modo alerta
El Brent llegó a cotizar por encima de los 78 dólares, con picos de hasta un 13% de aumento en jornadas recientes. La posibilidad de un bloqueo en Ormuz o nuevos ataques a infraestructuras energéticas —como el bombardeo israelí al campo de gas South Pars en Irán— disparó las primas de riesgo y encendió alarmas en las principales navieras.
Del Golfo a la góndola
Las tarifas de flete marítimo subieron hasta un 15% y varias compañías están evitando el Golfo Pérsico, lo que genera congestión en rutas alternativas. Para Argentina, país importador neto de combustibles y bienes intermedios, esto implica mayores costos logísticos y presión sobre los precios internos. El gasoil, clave para el agro y el transporte, podría encarecerse si la tendencia se sostiene.
¿Y el bolsillo argentino?
Aunque el impacto aún no se refleja de forma plena en surtidores o góndolas, economistas advierten que una prolongación del conflicto podría trasladarse a la inflación local. El encarecimiento del transporte y la energía afecta desde alimentos hasta insumos industriales. Si bien en mayo la inflación habría perforado el 2% por primera vez en años, y el PBI proyecta un crecimiento del 5,5% en 2025 según el Banco Mundial, muchos analistas señalan que ese crecimiento no es expansivo sino un rebote estadístico tras años de recesión y caída del consumo.
En otras palabras, la economía argentina empezó a caminar después de estar postrada, pero aún no puede correr. Y en ese contexto, cada shock externo —como esta guerra— puede desequilibrar variables clave como el precio del gasoil, el costo del transporte y, en consecuencia, el valor de los productos básicos.
Conclusión abierta:
Mientras las bombas caen en Medio Oriente, las ondas expansivas llegan hasta los puertos del Cono Sur. La guerra redefine rutas, precios y prioridades. Y en Argentina, el desafío será anticiparse al impacto antes de que las góndolas lo digan por sí solas.
Por: Redacción

