
En su Estrategia de Sostenibilidad 2024–2026, DSV presentó más de 100 acciones para reducir emisiones, eliminar combustibles fósiles y avanzar hacia una logística más limpia. El documento incluía metas ambiciosas, indicadores precisos y una narrativa alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Pero algo no cerró: la huella climática aumentó. No por falta de voluntad, sino por exceso de actividad. El crecimiento operativo, la adquisición de Schenker y la expansión de rutas globales hicieron que las emisiones subieran. Paradójicamente, el éxito comercial fue el principal obstáculo ambiental.
¿Transición energética o transición retórica?
La sostenibilidad se convirtió en un eje discursivo del sector logístico. Sin embargo, los resultados muestran que la transición energética no se logra con comunicados ni con flyers verdes. Requiere infraestructura, inversión y decisiones incómodas.
DSV no está solo. Otras empresas del rubro enfrentan el mismo dilema: cómo crecer sin contaminar más. Y mientras los informes celebran la eficiencia, los gráficos de emisiones siguen en ascenso.
Ironías del progreso
- Se eliminan plásticos en oficinas, pero se multiplican los kilómetros recorridos por camiones diésel.
- Se instalan paneles solares en centros logísticos, pero se tercerizan rutas con flotas sin control ambiental.
- Se mide cada litro de agua en cafeterías, pero se omite el impacto de la última expansión intercontinental.
¿Y ahora?
La presión regulatoria aumenta. Los clientes exigen trazabilidad ambiental. Los inversores miran los reportes ESG con lupa… y encuentran hojas de cálculo perfectamente ordenadas, donde las emisiones suben con prolijidad. La coherencia, en cambio, sigue sin aparecer en la celda correspondiente. Y el planeta, mientras tanto, no espera.
Por: Redacción

