
El 2025 no se comportó como un ciclo. Estuvo gobernado por ondas de choque sucesivas: anuncios de aranceles, desvíos de capacidad, picos de demanda intermitentes y redistribuciones repentinas del e‑commerce. La reacción del mercado fue más rápida que la capacidad de ajuste de las cadenas.
Un año dominado por ondas de choque
Niall van de Wouw, Chief Airfreight Officer de Xeneta, lo sintetizó con claridad al afirmar que “las tarifas aéreas reaccionan más rápido que la capacidad ante cualquier señal de disrupción”. Y los datos lo confirmaron: ante anuncios de nuevos aranceles en 2025, las tarifas spot desde el Sudeste Asiático llegaron a subir entre 12% y 18% en apenas 72 horas. No fue un ciclo: fue una reacción instantánea.
En paralelo, Brian Bourke, Global CCO de SEKO Logistics, advirtió que “el e‑commerce mueve capacidad entre continentes en semanas, no en meses”. Esa dinámica también se verificó: durante 2025, SEKO reportó desvíos de capacidad hacia Europa y América Latina impulsados por picos repentinos de demanda. La elasticidad geográfica del e‑commerce se convirtió en un factor desestabilizador para la planificación tradicional.

El resultado fue un año donde la volatilidad no respondió a patrones conocidos. Las cadenas que sobrevivieron mejor fueron las que pudieron leer señales débiles y reaccionar antes del impacto.
La información pesa tanto como la capacidad
En este contexto, la capacidad física dejó de ser el único recurso crítico. La información —su calidad, su velocidad, su granularidad— pasó a tener el mismo peso que un slot aéreo o un contenedor disponible.
Knut Alicke, experto en supply chain de McKinsey, sostiene que las control towers permiten anticipar disrupciones antes de que se manifiesten físicamente. No se trata solo de ver lo que ocurre, sino de detectar lo que está por ocurrir. La visibilidad se convierte así en un mecanismo de defensa.
Anne Robinson, Chief Strategy Officer de Kinaxis, lo lleva un paso más allá: “la planificación en tiempo real convierte datos en capacidad operativa”. En otras palabras, la información no solo describe la realidad: la modifica. Una cadena que sincroniza datos en tiempo real puede reasignar capacidad, renegociar espacios, ajustar rutas y evitar pérdidas antes de que se materialicen.
La información dejó de ser un insumo. Es capacidad.
La infraestructura invisible: visibilidad, excepciones y documentación digital
Si la información es capacidad, entonces la infraestructura digital es el sistema nervioso de la cadena. Y en 2025 quedó claro que esta infraestructura ya no es una herramienta de eficiencia: es una herramienta de gestión del riesgo.
Brendan Sullivan, Head of Cargo de IATA, ha insistido en que la adopción de e‑AWB y procesos digitales reduce tiempos de reacción y elimina puntos ciegos. La digitalización documental no es un lujo ni un proyecto de modernización: es un requisito para operar en un entorno donde las disrupciones se propagan más rápido que los flujos físicos.
La gestión de excepciones —antes un módulo periférico— se volvió el centro operativo. Las cadenas que no pueden detectar, clasificar y resolver excepciones en minutos quedan expuestas a pérdidas acumulativas que se amplifican con cada hora de retraso.
La infraestructura invisible es, en realidad, la infraestructura crítica.
Reacción en tiempo real como ventaja competitiva
Si el año 2025 enseñó algo, es que la resiliencia no se improvisa. Se construye desde el diseño operativo y este exige capacidad de reacción en tiempo real.
Neel Jones Shah, EVP of Airfreight de Flexport, lo expresó con contundencia: “las cadenas que ajustan rutas en tiempo real son las que sobreviven”. No es una metáfora. Durante disrupciones puntuales en Asia en 2025, Flexport activó redes multimodales, desvió carga a hubs secundarios y ejecutó bypass de aeropuertos congestionados para mantener flujos críticos. La flexibilidad dejó de ser una opción: es una arquitectura.
Los contratos también cambiaron. Los MQCs volvieron a ganar relevancia como herramienta de estabilidad. El premium uplift se consolidó como mecanismo para garantizar espacio en momentos de tensión. Y las redes multimodales —aire, mar, tierra— se convirtieron en la forma más efectiva de absorber shocks sin detener la cadena.
La ventaja competitiva ya no está en tener más capacidad, sino en poder moverla.
Incertidumbre como condición de partida
Mirando hacia 2026, la expectativa no es un retorno a la estabilidad. Es la consolidación de la incertidumbre como estado permanente. El Reshoring Index de Kearney muestra que la diversificación continuará, pero no eliminará la dependencia estructural de Asia en sectores como semiconductores, electrónica e insumos para IA. La demanda seguirá siendo fuerte y la capacidad aérea continuará ajustada.
Los analistas de BCG coinciden: la incertidumbre geopolítica, regulatoria y comercial será estructural, no coyuntural. Las cadenas deberán operar bajo un modelo donde los shocks son parte del paisaje, no anomalías.
En este escenario, la adaptabilidad no es un atributo: es infraestructura. Las cadenas capaces de anticipar, ajustar y sincronizar en tiempo real serán las que mejor atraviesen 2026.
La cadena que se adapta primero gana.

Director en Confluencia Portuaria

