
El 20 de diciembre, la Guardia Costera de Estados Unidos confirmó la interceptación de un segundo buque sancionado en aguas internacionales frente a Venezuela. La acción, ordenada por el presidente Donald Trump, se suma a la incautación del 10 de diciembre y refuerza la presión sobre las exportaciones de crudo.
Durante el 19 de diciembre, medios internacionales reportaron la continuidad del despliegue de la flota estadounidense en el Caribe, sin incidentes confirmados. Al día siguiente, la interceptación de un nuevo tanquero marcó un escalón adicional en la estrategia de Washington para aislar al gobierno de Nicolás Maduro.
Escalada de tensiones
El anuncio del cerco total de tanqueros vinculados a Venezuela, realizado el 17 de diciembre, generó un escenario de creciente tensión en la región. En paralelo, Caracas reforzó la escolta naval de sus buques, como informamos en nuestra nota del 18 de diciembre sobre la respuesta venezolana con escoltas militares.
La escalada tiene más actividad declarativa que efectiva, al menos por ahora. “La Guardia Costera actuará con firmeza para impedir que buques sancionados entren o salgan de Venezuela”, señaló un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional. Por su parte el ministro de Defensa venezolano, general Vladimir Padrino López declaró que “nuestros buques seguirán escoltados por la Armada Bolivariana, no aceptaremos provocaciones”.
Proyección regional
La militarización del Caribe preocupa a países vecinos y organismos internacionales, que advierten sobre el riesgo de incidentes en aguas internacionales. El bloqueo afecta directamente la exportación de crudo, principal fuente de divisas de Venezuela, y podría tener repercusiones humanitarias en la importación de bienes esenciales.
El nuevo operativo marítimo entre el 19 y el 20 de diciembre marcó un nuevo episodio en la ofensiva marítima de Estados Unidos, consolidando la escalada de tensiones en la región.
Por: Redacción

