
El 26 de enero de 2026, el Trisha Kerstin 3 se hundió frente a las costas de Basilan mientras transportaba más de 340 personas en condiciones de sobrecarga. El accidente provocó la muerte de al menos 52 pasajeros y dejó 24 desaparecidos, obligando a la Guardia Costera a desplegar un operativo de rescate que logró salvar a más de 300 sobrevivientes. Testimonios de los propios pasajeros confirmaron que el buque ya estaba inclinado en puerto antes de zarpar, lo que evidencia fallas estructurales y un control deficiente.
El informe oficial del Departamento de Transporte determinó que el buque estaba sobrecargado y que la falta de protocolos de seguridad fue determinante en el siniestro. La respuesta inmediata del gobierno fue destituir al jefe local de la Autoridad de la Industria Marítima (MARINA), al responsable de la estación de la Guardia Costera en Zamboanga y a otros 12 funcionarios. Además, tres directivos enfrentan cargos administrativos y posibles investigaciones penales, entre ellos el director de MARINA en Zamboanga, Jedini Nur Sibal.
Un patrón que se repite
La tragedia del Trisha Kerstin 3 no es un hecho aislado. Apenas semanas antes, otro ferry de la misma compañía había sufrido un accidente en el sur del país, con más de 300 personas rescatadas y al menos 18 fallecidos. La reacción oficial fue suspender toda la flota de la empresa, reconociendo que los riesgos eran estructurales y no circunstanciales.
Estos episodios se suman a una larga lista de accidentes en aguas filipinas, donde la sobrecarga de pasajeros, la falta de mantenimiento y las inspecciones laxas son factores recurrentes. El propio Departamento de Transporte ordenó a MARINA iniciar procesos administrativos y posibles causas penales contra la naviera Aleson Shipping Line, señalando que la tragedia pudo haberse evitado si se hubieran cumplido los protocolos básicos de seguridad.
El costo de la negligencia
La destitución de funcionarios es una medida política que busca mostrar reacción, pero no resuelve el problema de fondo: un sistema de control marítimo debilitado, donde las inspecciones se reducen a trámites y las sanciones llegan tarde. La sobrecarga de ferris y la falta de protocolos de seguridad son prácticas conocidas y toleradas, que convierten cada viaje en una ruleta rusa para pasajeros y tripulaciones.
El hundimiento del Trisha Kerstin 3 es otro capítulo en la serie interminable de tragedias evitables. La pregunta que queda abierta es si las autoridades filipinas podrán transformar la reacción coyuntural en una reforma estructural. Porque mientras los controles sigan siendo laxos y las responsabilidades se diluyan en sanciones administrativas, la Hidrovía asiática seguirá escribiendo capítulos de dolor que podrían haberse prevenido.
Director en Confluencia Portuaria

