
El estrecho de Ormuz, que hasta fines de febrero transportaba una quinta parte del petróleo mundial, está bloqueado. Superpetroleros arden frente a Dubái, drones iraníes golpean instalaciones en Qatar y Arabia Saudita, y la región enfrenta una crisis que dejó de ser hipotética. En este escenario, tres vectores se cruzan: la iniciativa de Benjamin Netanyahu para desviar el crudo hacia el Mediterráneo, la resistencia logística inmediata de los países del Golfo y el mensaje de Donald Trump, que expone la lógica de Estados Unidos en el corto plazo. Juntos dibujan el nuevo orden energético 2026.
Netanyahu y el corredor que desplaza a Hormuz
El primer ministro israelí sorprendió al plantear que la solución de largo plazo es “redirigir los oleoductos hacia el oeste, atravesando Arabia Saudita hasta el Mar Rojo y el Mediterráneo, evitando el punto de estrangulamiento iraní.” No es un simple proyecto de ingeniería: es un rediseño geopolítico.
- Infraestructura existente: Arabia Saudita ya opera su East-West Pipeline a plena capacidad de 7 millones de barriles diarios hacia Yanbu. Emiratos Árabes Unidos mantienen activo el Habshan–Fujairah con 1.8 millones de barriles diarios.
- Extensión propuesta: Netanyahu plantea un corredor de unos 700 kilómetros desde Yanbu hasta Eilat, conectado al Eilat–Ashkelon, que desemboca en el Mediterráneo.
- Condición política: requiere normalización saudí–israelí, proceso iniciado con los Acuerdos de Abraham y acelerado por la guerra.
El argumento estratégico es claro: mientras Fujairah y Dubái están a menos de 200 km de Irán y han sido golpeados por drones, un corredor que termine en Israel estaría a más de 1.500 km, fuera del alcance de la mayoría de los misiles iraníes. “Los líderes árabes ahora entienden la amenaza”, dijo Netanyahu, y su propuesta convierte a Israel en el nuevo Estado de tránsito energético.
El mientras tanto: resistencia logística y militar
El bypass israelí es un proyecto de años. En el corto plazo, los países del Golfo dependen de:
- Uso máximo de corredores alternativos: Yanbu y Fujairah operan al límite.
- Diversificación logística: almacenamiento flotante, contratos spot y swaps energéticos para abastecer mercados asiáticos y europeos.
- Protección militar: defensas aéreas reforzadas (Patriot, THAAD, sistemas israelíes) y patrullas conjuntas de EE.UU., Reino Unido y Francia en el Mar Rojo y Golfo de Omán.
- Diplomacia de urgencia: China y Rusia actúan como mediadores, mientras el Consejo de Cooperación del Golfo coordina medidas de protección.
Un funcionario kuwaití lo resumió en Al Jazeera: “El fuego nos obligó a usar todas las salidas de emergencia, pero esas salidas también están bajo ataque.” La región vive un juego de resistencia logística y militar hasta que aparezca una solución estructural.
Trump y la lógica inmediata del suministro
El discurso de Netanyahu dibuja el futuro. El de Trump expone brutalmente el presente. En Truth Social, el presidente escribió: “Todos los países que no tienen combustible por Hormuz… cómprenlo a EE.UU., tenemos suficiente.”
- Arquitectura del mensaje: EE.UU. lanzó los ataques que cerraron el estrecho, generó un shock de combustible en Europa y ahora ofrece su propio suministro como salida.
- Control de Venezuela: en enero, Washington tomó el control de las exportaciones venezolanas (900.000 barriles diarios) bajo la General License 52, redirigiendo crudo de China hacia refinadores estadounidenses y europeos.
- Impacto en Europa: el Reino Unido enfrenta precios récord: 152 peniques por litro de gasolina, 181 peniques el diésel, jet fuel duplicado. La OCDE recortó su crecimiento a 0.7%. Starmer se niega a enviar buques de guerra, mientras Trump habla de “coraje retrasado”.
El contraste es brutal: el país que durante 80 años garantizó la libertad de navegación ahora dice que no estará allí para ayudar. “Vayan a buscar su propio petróleo”, escribió Trump. El incendiario se presenta como bombero.
El nuevo orden energético 2026
Los tres vectores convergen en un mismo mapa:
- Hormuz bloqueado: 9 buques transitan por día frente a los 138 habituales.
- Corredores de emergencia: Yanbu y Fujairah sostienen la logística bajo fuego.
- Ruta futura: Netanyahu propone un corredor terrestre hacia Israel.
- Reposicionamiento estadounidense: Trump convierte a EE.UU. en proveedor directo, no en garante de rutas.
El resultado es un orden energético donde los viejos compromisos se evaporan. Ormuz ya no es un problema compartido, sino un problema de cada país. Israel busca ser el nuevo nodo de tránsito. EE.UU. ya opera como proveedor alternativo. Europa paga el costo de la transición.
Un analista de Carnegie Middle East lo sintetizó: “Ormuz no desaparece, pero deja de ser el centro. El centro se desplaza hacia corredores terrestres y hacia la capacidad de Estados Unidos de vender combustible a sus aliados. Es un cambio de arquitectura, no de coyuntura.”

Director en Confluencia Portuaria

