
Durante abril, las autoridades portuarias chinas detuvieron 136 buques con bandera panameña en sus terminales, una cifra inédita que representa más del 90% de todas las detenciones registradas en la región del Tokyo MOU. El patrón comenzó el 8 de marzo, cuando Pekín ordenó intensificar las inspecciones a navíos panameños tras el fallo de la Corte Suprema de Panamá que anuló las concesiones de CK Hutchison en los puertos de Balboa y Cristóbal.
Nuestras fuentes confirman que la Federal Maritime Commission (FMC) de Estados Unidos denunció la práctica como una represalia directa, acusando a China de utilizar el Control del Estado Rector del Puerto como arma, para castigar a Panamá. El análisis del Tokyo MOU muestra que en marzo ya se habían detenido 91 buques panameños, más de la mitad de todas las detenciones en la región, y que la tendencia se aceleró en abril.
La narrativa oficial de Pekín
La portavoz Mao Ning calificó las acusaciones estadounidenses de “infondées” y defendió que las inspecciones son legales, parte de la supervisión portuaria internacional. Según Pekín, se trata de controles rutinarios de seguridad contra incendios, cumplimiento MARPOL e ISM, aunque la concentración en buques panameños revela un sesgo evidente.
En tanto portales chinos detallan que entre el 8 y el 12 de marzo se detuvieron 28 buques panameños en apenas cinco días, equivalentes al 75,7% de todas las detenciones globales en ese lapso. Los artículos subrayan que China actuó reforzando inspecciones conforme a la ley.
Impacto en el registro panameño
Panamá es el mayor registro de conveniencia del mundo, con más de 8.000 buques inscritos. La presión china amenaza con erosionar esa posición: arrendadores y financiadores chinos ya exigen re‑abanderar fuera de Panamá como condición para nuevos contratos. Cada día de detención implica costos adicionales de decenas de miles de dólares, interrumpe rotaciones y genera incertidumbre operativa.
El presidente panameño José Raúl Mulino pidió públicamente que China cese las detenciones, justo después de recibir respaldo de Estados Unidos y seis países latinoamericanos. Washington interpreta la ofensiva como un intento de Pekín de socavar la soberanía panameña y reforzar su influencia en el comercio global.
Escalada diplomática y económica
La disputa se inscribe en un tablero más amplio:
- Estados Unidos acusa a China de coerción económica y de usar herramientas marítimas para presionar a Panamá.
- China responde que actúa dentro de la legalidad internacional y acusa a Washington de manipular el fallo judicial panameño.
- Europa observa con cautela, preocupada por el impacto en las cadenas de suministro y el precedente que sienta para otros registros de conveniencia.
El conflicto ya afecta a las grandes navieras: COSCO suspendió servicios en Balboa, mientras Maersk y MSC fueron citadas en Pekín para explicar su posición. El riesgo es que la bandera panameña pierda atractivo frente a Liberia o Islas Marshall, debilitando un pilar histórico de la economía panameña.
Las detenciones masivas de buques panameños en China en abril 2026 son más que un episodio técnico: constituyen un instrumento de presión geopolítica en respuesta al fallo contra CK Hutchison. En todos los casos, el impacto es devastador para Panamá: su registro se convierte en un riesgo operativo, sus relaciones con China se deterioran y la disputa se proyecta como un nuevo frente en la competencia estratégica entre Washington y Pekín.
Por: Redacción

