
El pasado 1 de junio, el buque portacontenedores MSC Sariska V fue atacado en el Golfo Pérsico mientras salía del puerto de Umm Qasr, Irak. Dos proyectiles impactaron en el casco, provocando daños visibles y un incendio que pudo ser controlado. No hubo víctimas, pero el hecho marcó un nuevo escalón en la escalada bélica que mantiene bloqueado el Estrecho de Ormuz desde hace 94 días. El ataque, reivindicado por la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, fue rechazado por MSC como “completamente injustificado”.
El buque llevaba meses inmovilizado en la región, atrapado como otros tantos desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán. La situación de las tripulaciones se ha convertido en un drama humanitario: miles de marinos permanecen a bordo de buques que no pueden salir del Golfo, sin acceso regular a asistencia médica ni comunicación con sus familias.
Marinos atrapados y reclamos sindicales
La Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF) estima que más de 20.000 marinos están afectados por el bloqueo y los ataques. Su secretario general, Stephen Cotton, advirtió: “Los tripulantes están atrapados sin asistencia médica ni comunicación con sus familias. La prioridad debe ser salvar vidas, no proteger cargamentos”. Los sindicatos reclaman corredores humanitarios y protocolos de evacuación inmediatos, señalando que la crisis humanitaria supera cualquier cálculo económico.
La voz de la OMI
La Organización Marítima Internacional (OMI) también se pronunció. Su secretario general, Arsenio Domínguez, declaró: “Ningún ataque contra marinos o buques civiles inocentes está justificado. La libertad de navegación es un principio fundamental del derecho marítimo internacional y debe ser respetado por todas las partes. Las tripulaciones deben ser protegidas de los efectos de tensiones geopolíticas más amplias”. La OMI insiste en que la seguridad marítima debe ser prioridad y que la comunidad internacional debe coordinar acciones para garantizarla.
Empresas civiles bajo presión
Las navieras se han convertido en el “pato de la boda” de la crisis. MSC, con sede en Suiza, recordó que es una compañía neutral y que sus buques no tienen vínculo con operaciones militares. Sin embargo, debe afrontar primas de seguro exorbitantes, inmovilización de cargamentos y la exposición directa a un conflicto que excede su responsabilidad. Otras empresas con buques atrapados en el Golfo señalan que la militarización de la zona y la falta de garantías de seguridad las coloca en una posición insostenible.
El Joint War Committee mantiene al Golfo catalogado como zona de guerra, lo que encarece aún más las primas y multiplica los costos de transporte. Los desvíos hacia rutas alternativas han encarecido el flete hasta seis veces, presionando las tarifas y generando la mayor crisis energética en medio siglo.
El ataque al MSC Sariska V y la prolongada crisis en Ormuz confirman que los buques civiles y sus tripulaciones son los más expuestos en la escalada bélica. Los sindicatos reclaman corredores humanitarios, la OMI exige respeto al derecho marítimo y las navieras denuncian que pagan el costo de una guerra que no es suya. La continuidad del comercio global depende de que la comunidad internacional actúe para proteger a los marinos y garantizar la seguridad de las rutas.
Por: Redacción

