
La operación del Canal de Panamá atraviesa días de congestión que impactan directamente en el comercio marítimo global. A la presión de los desvíos desde rutas conflictivas como el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz se suma el mantenimiento programado en las esclusas de Gatún, que redujo la capacidad de tránsito y generó colas de embarcaciones en ambos extremos del canal.
La Autoridad del Canal informó que entre el 9 y el 17 de junio los tránsitos diarios se limitarán a 16 buques en el carril este de Gatún, lo que obliga a desviar tráfico al carril oeste y aumenta los tiempos de espera. En paralelo, el sistema de reservas y subastas alcanzó cifras récord: hasta USD 4 millones por slot prioritario, reflejo de la presión sobre la infraestructura.
Un factor imprevisible para las navieras
El impacto de la congestión se siente con fuerza en el mercado de gaseros de gran porte (VLGC). Las tarifas superan los USD 185.000–190.000 por día, niveles inéditos incluso frente al boom de 2023.
En este contexto, Kristian Sørensen, CEO de BW LPG, describió al canal como un factor imprevisible, porque altera de golpe la planificación logística y dispara la volatilidad en las tarifas. Para las navieras, la decisión se reduce a esperar días en Panamá o desviar por el Cabo de Buena Esperanza, con mayores costos de combustible y tiempos de tránsito.
Factores estructurales
La congestión actual no responde a una crisis hídrica como la de 2023–24, cuando el fenómeno de El Niño redujo drásticamente los niveles del Lago Gatún. Hoy el nivel de agua se mantiene en torno a los 86,5–86,7 pies, considerado normal. Sin embargo, la NOAA estima un 82% de probabilidad de retorno de El Niño hacia mediados de 2026, con hasta 37% de que sea severo, lo que podría volver a tensionar la operación en los próximos meses.
La combinación de mantenimiento, desvíos globales y riesgo climático convierte al Canal de Panamá en un cuello de botella estratégico que agrava la crisis energética global iniciada en Ormuz.
Cierre institucional
La doble presión de Ormuz y Panamá expone la fragilidad de las rutas críticas del comercio internacional. Para las navieras y los compradores de energía, la logística global enfrenta un escenario de máxima tensión, donde cada cuello de botella multiplica la volatilidad y el riesgo de suministro.

Director en Confluencia Portuaria

