
El “Memorando de Entendimiento de Islamabad”, de 14 puntos, compromete a ambas partes a respetar la soberanía mutua y a abstenerse de nuevas acciones militares. Donald Trump, al firmar el documento en Versalles, lo calificó como “un momento clave en la historia, no implica un cambio de régimen ni ayuda financiera directa, sino respeto mutuo y seguridad energética”. Desde Teherán, el presidente Masud Pezeshkian subrayó que “la paz solo se alcanzará mediante respeto mutuo; este texto refleja la dignidad e independencia de Irán”.
El plazo de negociación abre una ventana de oportunidad, aunque también un escenario de tensión: si no se logra un acuerdo definitivo, Irán podría intentar monetizar su control del estrecho, incluso en coordinación con Omán. La hipótesis de un peaje, aunque no figura en el texto, preocupa a la industria marítima porque afectaría directamente el tránsito de petróleo, gas y fertilizantes.
Tránsito energético en juego
Por Ormuz circula cerca del 20% del petróleo mundial, además de volúmenes crecientes de gas natural licuado (GNL) y fertilizantes derivados del gas. La libre navegación ha sido hasta ahora un principio inalterable, protegido por la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. La introducción de un peaje alteraría de raíz este esquema:
- Costos adicionales: incluso un cargo mínimo por tonelada encarecería de manera multimillonaria el transporte energético hacia Asia y Europa.
- Impacto en fertilizantes: el tránsito de urea y amoníaco, vitales para la agricultura global, se vería afectado por un aumento de costos que repercutiría en los precios de alimentos.
- Riesgo de fragmentación: países importadores podrían aceptar el pago como garantía de seguridad, mientras que otros lo verían como un chantaje.
En este punto, el canciller iraní Ismail Bagaei advirtió que “la implementación será más difícil que la firma; si Israel no se retira del sur del Líbano, el acuerdo podría ser nulo”. Su declaración refleja la fragilidad del proceso y la posibilidad de que las tensiones regionales vuelvan a poner en riesgo la libre navegación.
Precedente para rutas estratégicas
El cobro de peajes en canales artificiales como Suez o Panamá se justifica por obras de infraestructura y mantenimiento. Pero trasladar esa lógica a un estrecho natural como Ormuz abriría la puerta a que otros países intenten monetizar corredores marítimos estratégicos:
- Estrecho de Malaca: vital para el comercio entre Asia y Europa, podría ser objeto de presiones similares.
- Bab el-Mandeb y Bósforo: pasos sensibles para petróleo y granos, donde un peaje unilateral generaría tensiones inmediatas.
- Efecto dominó: la institucionalización de tarifas en Ormuz sentaría un precedente que erosionaría el principio de libre tránsito, debilitando la gobernanza marítima global.
El MoU entre Estados Unidos e Irán abre una negociación de 60 días que puede redefinir la seguridad energética mundial. Sin embargo, la hipótesis de un peaje en Ormuz refleja la tentación de monetizar el control de rutas críticas y el riesgo de dinamitar la confianza que el acuerdo intenta construir. Para el comercio marítimo internacional, especialmente en petróleo, gas y fertilizantes, cualquier tarifa sería un factor de inestabilidad y un precedente que podría replicarse en otros corredores estratégicos. La sostenibilidad del sistema depende de mantener la libre navegación como principio inalterable.

Director en Confluencia Portuaria

