
El 17 de junio, Diana Shipping sorprendió al mercado con una propuesta revisada: USD 27,34 por acción, integrada por USD 24,80 en efectivo y una acción de Diana valorada en USD 2,54. La prima ofrecida es contundente: un 53% sobre el precio previo a la primera oferta en noviembre de 2025, un 16% sobre el cierre del 16 de junio de 2026 y un 6% sobre el valor neto de activos estimado.
La compañía aseguró financiamiento por USD 1.433 millones con seis bancos internacionales, sin condición de ejecución. Su CEO, Semiramis Paliou, subrayó que la propuesta ofrecía “valor inmediato y preservaba el potencial futuro”. Incluso solicitó posponer la asamblea anual de Genco para que los accionistas tuvieran tiempo de evaluar la oferta.
El rechazo en la asamblea de ayer
La respuesta de Genco fue categórica. En la asamblea anual celebrada el 18 de junio, los accionistas reeligieron a todos los directores propuestos por la compañía. Cerca del 90% de las acciones, excluyendo las de Diana, respaldaron al board. Además, se aprobaron el plan de incentivos de capital y la ratificación del poison pill, mientras que las propuestas de Diana fueron rechazadas.

El directorio enfatizó que la reunión no era una votación sobre la oferta, sino sobre la gobernanza de la compañía. Tras el resultado, Genco emitió un comunicado agradeciendo el respaldo: “Agradecemos a nuestros accionistas por su apoyo rotundo. Creemos que los resultados reflejan su confianza en nuestro directorio y en los sólidos retornos que estamos entregando mediante nuestra estrategia de valor integral. Este es un momento emocionante e importante para Genco.”
La compañía añadió que “las acciones que hemos tomado para crecer en activos premium, reducir deuda, bajar niveles de equilibrio y aumentar nuestra capacidad de ganancias y dividendos están dando frutos. Nuestro directorio revisa cuidadosamente la propuesta revisada de Diana, en consulta con asesores financieros y legales.”
Por qué Diana insiste y Genco se opone
La insistencia de Diana Shipping responde a una estrategia de consolidación. Su objetivo es crear uno de los mayores operadores públicos de graneleros secos, con mayor escala y eficiencia operativa. Para lograrlo, ofrece primas crecientes que buscan tentar a los accionistas, confiando en que el mercado termine forzando al board a negociar.
A ello se suma una narrativa de gobernanza: acusa a Genco de fallas en su gestión y utiliza esa crítica como argumento para justificar su campaña. La compañía también exhibe capacidad de ejecución, con financiamiento asegurado, y mantiene una ofensiva pública que apunta al desgaste del directorio rival.
Por su parte, Genco se opone porque defiende su independencia y considera que su estrategia propia maximiza valor a largo plazo. La confianza accionarial quedó demostrada en la asamblea, con un respaldo rotundo a su board. Además, existe una asimetría evidente: Genco no posee acciones en Diana, mientras que esta controla un 14,8% de Genco, lo que refuerza la percepción de intento de control unilateral. La cláusula de defensa, ratificada por los accionistas, es la herramienta explícita para blindar al directorio frente a adquisiciones hostiles.
La saga Diana–Genco se ha transformado en un caso emblemático de disputa corporativa en el sector marítimo. La nueva oferta de Diana, seguida por el rechazo total en la asamblea, confirma que la batalla no es solo financiera, sino también narrativa: consolidación versus independencia, prima inmediata versus valor sostenido.
El desenlace aún está abierto. Diana puede seguir insistiendo, pero Genco ha demostrado que cuenta con el respaldo de sus accionistas. La tensión entre ambas compañías seguirá marcando la agenda del mercado de graneleros, con implicancias para la gobernanza corporativa y la dinámica de consolidación en la industria marítima.
Por: Redacción

