
Durante más de un siglo, la humanidad ha atravesado sucesivas transformaciones tecnológicas que modificaron profundamente el mundo laboral. Cada avance eliminó ocupaciones que parecían indispensables y, al mismo tiempo, creó nuevas oportunidades que antes resultaban impensadas.
De la automatización mecánica a la inteligencia cognitiva
Hubo una época en la que los ascensoristas eran parte habitual de los edificios, los guardabarreras operaban manualmente los cruces ferroviarios y los radiooperadores eran imprescindibles en la navegación marítima. Con el tiempo, la automatización volvió innecesarias muchas de esas funciones. No fue una tragedia tecnológica: fue una evolución productiva.
Hoy asistimos a un fenómeno similar, aunque con una diferencia fundamental. La Inteligencia Artificial ya no automatiza únicamente tareas físicas o mecánicas; ahora avanza sobre actividades administrativas, profesionales e intelectuales.
Abogados, contadores, programadores, redactores, analistas y numerosos trabajadores del conocimiento comienzan a experimentar una realidad nueva. Tareas que antes demandaban horas de trabajo pueden resolverse en minutos mediante herramientas de IA.
Un ejemplo cotidiano lo ilustra claramente. La elaboración de un escrito profesional que anteriormente requería varias horas de redacción hoy puede generarse en apenas un minuto. El trabajo humano no desaparece, pero cambia de naturaleza: menos tiempo escribiendo y más tiempo revisando, corrigiendo y validando resultados.
La productividad aumenta de manera notable. Lo que antes ocupaba una jornada completa puede resolverse en una fracción del tiempo. Sin embargo, esa misma eficiencia plantea interrogantes inevitables: si una persona puede producir lo que antes requería el trabajo de varias, ¿qué ocurrirá con los puestos de trabajo asociados a esas tareas?
Reconversión laboral y nuevos desafíos
La historia demuestra que las transformaciones tecnológicas destruyen empleos, pero también generan otros nuevos. Hace apenas algunas décadas nadie imaginaba profesiones como especialista en ciberseguridad, científico de datos, ingeniero de machine learning, community manager o experto en experiencia del cliente. Hoy forman parte de sectores en expansión.
El desafío no radica únicamente en la creación de nuevas oportunidades, sino en la velocidad de la reconversión. No todos los trabajadores desplazados pueden adaptarse de manera inmediata a las nuevas demandas del mercado. La transición suele ser compleja, especialmente para quienes desarrollaron durante años una carrera basada en actividades que ahora son automatizables.
Negar el avance de la Inteligencia Artificial no parece una estrategia viable. Tampoco lo es asumir que sus efectos no alcanzarán determinadas profesiones. La pregunta ya no es si la IA transformará el trabajo, sino cómo cada sector se adaptará a esa transformación.
Como ocurrió en anteriores revoluciones tecnológicas, quienes incorporen las nuevas herramientas probablemente multipliquen su productividad y competitividad. Quienes las ignoren corren el riesgo de quedar rezagados frente a un cambio que avanza a una velocidad sin precedentes.
La Inteligencia Artificial no representa el fin del trabajo. Pero sí marca el fin de muchas formas tradicionales de trabajar.

Marino mercante, ex Subsecretario de Puertos, Vías Navegables y Marina Mercante de Argentina

