
En julio de 2026, distintos puertos anunciaron iniciativas vinculadas al hidrógeno renovable. Chancay, en Perú, proyecta el primer terminal de hidrógeno verde de la región, orientado a exportaciones hacia Asia. En España, las autoridades portuarias avanzan en sostenibilidad y digitalización, con planes de transición desde GNL y bioGNL hacia hidrógeno. Mónaco respalda proyectos de celdas de combustible para electricidad marítima cero emisiones, mientras que la Unión Europea comprometió más de €100 mil millones en hidrógeno y captura de carbono (CCS).
Estos anuncios reflejan una tendencia global: reconvertir puertos en nodos energéticos. Sin embargo, la realidad es más lenta y compleja. La mayoría de los proyectos están en fase piloto o de planificación, y muy pocos puertos cuentan hoy con infraestructura operativa de bunkering de hidrógeno.
Escala y plazos realistas
Aunque la narrativa institucional habla de “hubs energéticos”, la escala actual es limitada. Chancay aún no tiene terminal operativo, y en Europa la ejecución de fondos enfrenta demoras administrativas. Los plazos más realistas para ver bunkering de hidrógeno a escala son 2030–2035, no antes.
Desafíos técnicos y competitivos
El hidrógeno líquido requiere almacenamiento a –253 °C, con infraestructura criogénica costosa y riesgos de evaporación (boil‑off). Además, compite con alternativas como amoníaco verde, metanol y e‑fuels, que ofrecen menor complejidad técnica y costos más bajos en ciertos segmentos. La seguridad y la aceptación regulatoria siguen siendo cuellos de botella.
La reconversión portuaria hacia hidrógeno es una tendencia estratégica, pero aún en fase de demostración. Los anuncios actuales son importantes señales, aunque la transición dependerá de inversiones sostenidas, marcos regulatorios claros y la competitividad frente a otros combustibles alternativos.
Por: Redacción

