
El etanol comienza a posicionarse como opción viable para la propulsión marítima. Su atractivo radica en la compatibilidad con motores dual‑fuel diseñados para metanol, que pueden adaptarse con mínimas modificaciones. La producción global supera los 100 millones de toneladas anuales, lo que garantiza disponibilidad en puertos principales y una cadena logística consolidada.
Etanol: combustible líquido emergente
En términos ambientales, el etanol de maíz reduce aproximadamente un 50% las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con el fuel oil, mientras que el derivado de residuos lignocelulósicos alcanza reducciones de hasta 77%. Estas cifras superan al LNG fósil, que ronda el 20%. Además, el etanol se integra con facilidad a las políticas regulatorias de la OMI, que buscan combustibles con menor huella de carbono.
El desafío principal es su menor densidad energética: requiere cerca de un 39% más de masa de combustible que el VLSFO para igualar autonomía. También será necesario escalar la producción sostenible y garantizar infraestructura de bunkering. Aun así, su perfil regulatorio y su disponibilidad lo convierten en un candidato emergente para flotas que buscan alternativas inmediatas y de bajo riesgo tecnológico.
Bio‑LNG/LBM: continuidad con menor huella
El bio‑LNG, también conocido como LBM (Liquefied Biomethane), ofrece una ventaja clave: es químicamente idéntico al LNG fósil, lo que permite su uso en buques dual‑fuel sin necesidad de rediseño ni nueva infraestructura. Esta compatibilidad facilita una transición rápida, aprovechando la red de bunkering ya instalada en Europa y Asia.
En términos de emisiones, el bio‑LNG puede reducir hasta un 80% los gases de efecto invernadero en ciclo de vida, además de eliminar SOx y disminuir NOx y partículas. En escenarios de producción pura, podría cubrir un 3% de la demanda marítima en 2030 y hasta un 13% en 2050. Mezclado con LNG fósil, la cobertura podría alcanzar un 63% en 2050.
Su costo es competitivo frente a otros combustibles verdes, y en algunos casos puede generar emisiones negativas si se produce a partir de residuos orgánicos. El gran desafío es la oferta limitada: actualmente se aprovecha apenas un 5% del potencial de biomasa global. Para que el bio‑LNG se convierta en un pilar de la transición, será necesario expandir la producción y asegurar cadenas de suministro estables.
VentoFoils: viento asistido en buques de carga
La propulsión asistida por viento regresa como tecnología complementaria, ahora con soluciones modernas como los VentoFoils de Econowind. Estas alas autónomas utilizan succión de capa límite para generar empuje adicional y mejorar la eficiencia aerodinámica. Los ahorros de combustible oscilan entre 5% y 25%, dependiendo del tipo de buque y número de unidades instaladas.

En agosto de 2026, el buque multipropósito Hansa Drejoe de Leonhardt & Blumberg recibió VentoFoils, convirtiéndose en el primero de cuatro nuevos buques diseñados para operar con asistencia eólica. Econowind ya ha vendido más de 150 unidades, con modelos de 18 metros en aluminio y 30 metros en acero, adaptados a distintos segmentos de carga.
El impacto operativo es tangible: reducciones de CO₂ de hasta 100.000 toneladas anuales en flotas globales. Además, la tecnología se integra con facilidad a buques existentes, lo que acelera su adopción. “La propulsión asistida por viento es un paso lógico hacia operaciones más sostenibles. El caso de negocio importa, pero también sentimos la responsabilidad de mover la industria hacia adelante”, afirmó Christoph Meier, arquitecto naval de Leonhardt & Blumberg, al destacar que la tecnología de Econowind combina viabilidad económica con responsabilidad ambiental.
Etanol, bio‑LNG y VentoFoils representan tres caminos complementarios en la transición energética marítima: combustibles líquidos emergentes, gases renovables compatibles y tecnologías de eficiencia directa. Cada uno aporta ventajas y enfrenta desafíos, pero en conjunto refuerzan la narrativa de diversificación frente a la dependencia fósil.
La OMI y los actores industriales los consideran piezas clave para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones en 2030 y 2050. La combinación de disponibilidad logística, compatibilidad tecnológica y eficiencia operativa proyecta un escenario en el que el transporte marítimo puede avanzar hacia un perfil más sostenible sin depender de una única solución.
Por: Redacción

