
La logística marítima enfrenta un nuevo récord de congestión. Al 24–25 de agosto de 2026, 4,3 millones de TEU se encontraban bloqueados en puertos de contenedores, según Linerlytica. La cifra supera el máximo de la era de la pandemia (≈4,0 millones en 2022) y equivale al 12,6% de la flota mundial de contenedores (34,4 millones de TEU). En 2022, el porcentaje había sido mayor (15,7%), pero sobre una flota más pequeña. El dato confirma que el shock actual es absoluto en volumen, aunque no proporcional.
Geografía y causas inmediatas
Los puertos chinos concentran la presión. Shanghái y Ningbo registraron 139 y 77 buques en espera, respectivamente, con demoras de 7–8 días en Yangshan para servicios fuera del consorcio Gemini. En algunos casos, los retrasos llegaron a 11–12 días. La sucesión de tifones (Bavi, Noul, Dolphin, Narra y Saudel) agravó la situación, junto con la congestión en el Canal de Panamá y desajustes en itinerarios globales. El resultado es un cuello de botella que afecta tanto a exportadores como a importadores.
Tarifas y fletamento
El Índice de Fletes de Contenedores de Shanghái (SCFI) se ubicó en 3.410–3.510 puntos al 25 de agosto, lejos de los máximos de 2022 (~5.100), pero aún muy por encima de los niveles previos al conflicto en Medio Oriente. El impulso actual proviene sobre todo de las rutas transpacíficas y hacia la costa este de Estados Unidos, presionadas por el cuello en Panamá.
El Platts Container Index alcanzó USD 7.565/FEU el 21 de agosto, máximo del año. En paralelo, Sea‑Intelligence estimó que los retrasos consumen el equivalente a 1,7 millones de TEU de capacidad efectiva, más que toda la flota de Evergreen. La fiabilidad de horarios cayó a 56,4% en julio, con atrasos promedio de 6,06 días en buques demorados. Aunque no son mínimos históricos —en la pandemia la puntualidad llegó a ~30%—, sí reflejan un deterioro frente a los niveles de 2017–2019 (70–80%).
Consecuencias para navieras y cargadores
Las navieras enfrentan presión para reconfigurar itinerarios. Gran parte de la flota evita el Mar Rojo y Bab el‑Mandeb, rodeando el Cabo de Buena Esperanza, lo que prolonga tiempos y costos. Los cargadores, en tanto, deben absorber tarifas crecientes y disponibilidad limitada de espacio. La incertidumbre se refleja en mayores tiempos de entrega y en la necesidad de planificar con márgenes más amplios.
Analistas como Drewry advierten que el problema es estructural: la falta de holgura en terminales y la gestión de capacidad mediante blank sailings agravan la congestión más allá de los factores climáticos.
Sudamérica: costos y oportunidades
Para Sudamérica, el escenario presenta un doble efecto. Por un lado, las exportaciones agrícolas y de alimentos enfrentan mayores costos por la dificultad de asegurar slots hacia Asia y Europa. El SCFI mostró un salto en tarifas hacia Santos, lo que impacta en la competitividad regional. Por otro, la coyuntura abre oportunidades para puertos que logren ofrecer eficiencia y confiabilidad. Montevideo, con su productividad en transbordos, y Santos, como hub regional, podrían captar parte de la demanda desviada. Sin embargo, persisten limitaciones: calado, conectividad feeder, conflictos laborales y trámites aduaneros. La hipótesis de un desvío masivo hacia la costa este sudamericana es débil; lo más probable es menos espacio y más precio en las rutas tradicionales.
Perspectivas
El fenómeno es logístico, no productivo. Si se normalizan los corredores y se despejan los puertos asiáticos, las tarifas podrían corregir en el corto plazo. Mientras persista la congestión, los precios seguirán elevados y la presión sobre la cadena global se mantendrá. La experiencia de 2021–22 mostró que estos shocks pueden prolongarse más de lo previsto, y el récord actual confirma que la logística global sigue vulnerable a disrupciones repentinas.
La congestión portuaria mundial de agosto 2026 supera en volumen absoluto los picos de la era COVID y redefine el mapa de costos y tiempos en el comercio internacional. Con más de 4,3 millones de TEU fuera de circulación, las tarifas alcanzan máximos y las cadenas de suministro enfrentan incertidumbre. Para Sudamérica, el desafío será asegurar eficiencia portuaria y contener el impacto en exportaciones, mientras el mundo observa cómo se resuelve el nuevo cuello de botella logístico.

Director en Confluencia Portuaria

