
La descarbonización del transporte marítimo internacional atraviesa un momento delicado. Cuando faltan pocas semanas para una nueva ronda de negociaciones en la Organización Marítima Internacional (OMI), una de las organizaciones más influyentes del sector naviero mundial emitió una señal que no pasó inadvertida: el consenso político necesario para alcanzar un marco regulatorio global parece más frágil de lo que mostraba el escenario meses atrás.
La advertencia llegó desde BIMCO, la principal asociación naviera internacional, que representa una porción significativa de la flota mercante mundial y que históricamente ha respaldado la búsqueda de soluciones globales para reducir las emisiones del transporte marítimo. Según su evaluación de las últimas negociaciones desarrolladas en Londres, persisten diferencias profundas entre los Estados miembros sobre aspectos centrales del futuro marco regulatorio.
El mensaje no implica el fracaso de la transición energética marítima. Sin embargo, sí plantea dudas sobre la posibilidad de alcanzar en 2026 un acuerdo global con el nivel de consenso que la industria considera necesario para dotar de previsibilidad a las inversiones de largo plazo.
Un consenso cada vez más difícil
Las discrepancias no son menores. Las delegaciones siguen divididas sobre la velocidad de reducción de emisiones que deberá asumir el sector, la estructura de los mecanismos económicos asociados al carbono y el nivel de exigencia que deberían cumplir los combustibles alternativos durante las próximas décadas.
En su análisis de los trabajos realizados durante la reunión del grupo intersesional de gases de efecto invernadero de la OMI, BIMCO sostuvo que los Estados continúan participando de manera constructiva, pero reconoció que las distancias sobre cuestiones fundamentales siguen siendo significativas. La entidad incluso observó que ya no parecería existir apoyo universal a los niveles de ambición establecidos en la estrategia climática aprobada por la propia organización en 2023.
El punto más sensible pasa por definir si las regulaciones futuras deben fijar objetivos suficientemente exigentes para impulsar la producción de combustibles de bajas emisiones o si, por el contrario, deben adaptarse a la disponibilidad real y la escalabilidad de las alternativas actualmente existentes en el mercado.
El temor a la fragmentación regulatoria
Para la industria marítima internacional, el principal riesgo no es únicamente ambiental. También es regulatorio.
Durante los últimos años, armadores, operadores y organizaciones sectoriales defendieron la necesidad de que la OMI mantuviera el liderazgo normativo global para evitar la proliferación de reglas diferentes según cada región o mercado. BIMCO reiteró en varias oportunidades que la existencia de esquemas superpuestos podría generar costos adicionales y complejidades operativas para una actividad esencialmente internacional.
Si las negociaciones de la OMI continúan demorándose o no logran consolidar una posición común, podría aumentar el peso de iniciativas regionales ya existentes, como las impulsadas desde Europa, profundizando un escenario de coexistencia de múltiples marcos regulatorios.
Para las empresas navieras, la previsibilidad es hoy casi tan importante como la propia regulación. Las decisiones de inversión vinculadas a combustibles alternativos, tecnologías de reducción de emisiones e infraestructura portuaria requieren horizontes de largo plazo y señales regulatorias estables.
Diciembre, una fecha clave para la industria
La próxima reunión de la OMI aparece como una instancia decisiva, aunque no necesariamente definitiva. Las propias evaluaciones surgidas de las negociaciones indican que alcanzar una convergencia total antes de diciembre será un desafío complejo.
Aun así, los actores involucrados continúan trabajando sobre la premisa de que un acuerdo global sigue siendo el camino más eficiente para avanzar hacia la reducción de emisiones del transporte marítimo internacional. Diversas organizaciones del sector mantienen su apoyo al papel de la OMI como regulador mundial y consideran que preservar una arquitectura común continúa siendo un objetivo estratégico para la actividad.
El resultado de las negociaciones definirá mucho más que una hoja de ruta ambiental. También determinará si la industria marítima consigue avanzar bajo un único marco global o si ingresa en una etapa caracterizada por regulaciones cada vez más fragmentadas, uno de los escenarios que más preocupa hoy a los principales actores del sector.

Director en Confluencia Portuaria

