
El último episodio volvió a demostrar que detrás de cada buque alcanzado en una zona de guerra hay una tripulación civil expuesta a sus consecuencias. El 23 de septiembre, el Cape Dao fue atacado a unas 15 millas náuticas al noreste de Khasab, Omán. El buque resultó dañado y uno de sus marinos perdió la vida, según el registro de incidentes confirmados de la Organización Marítima Internacional (OMI).
El caso se incorpora a una secuencia que ha convertido al estrecho de Ormuz y las aguas de Oriente Medio en uno de los principales escenarios de riesgo para la navegación comercial. Hasta el 24 de septiembre, la OMI contabilizaba 85 incidentes confirmados y 24 marinos fallecidos en la región.
Pero detrás de esas cifras hay una circunstancia que corre el riesgo de quedar relegada frente al impacto energético y geopolítico de la crisis: los marinos mercantes no son combatientes. Son trabajadores civiles embarcados en buques comerciales que transportan petróleo, gas, alimentos, materias primas y mercancías, y que terminan expuestos a ataques derivados de conflictos militares en los que no participan.
Durante septiembre, la lista oficial de la OMI incorporó incidentes contra numerosos buques en el área de Ormuz. Entre ellos aparecen el Al Maryah, LR Stephanie, Trend, El Gaia, Romance, Hercules Star, New Andros y Horizon 1. Algunos ataques dejaron muertos, heridos o desaparecidos entre sus tripulaciones.
De Ormuz al Mar Rojo, civiles atrapados entre los conflictos
La situación excede actualmente al estrecho de Ormuz. Naciones Unidas advirtió a comienzos de septiembre sobre una convergencia inédita de amenazas marítimas en Ormuz, el Mar Rojo, las aguas frente a Somalia y el Mar Negro, escenarios diferentes en los que buques y tripulaciones han quedado expuestos simultáneamente a conflictos, ataques y piratería.
La dimensión humana es considerable. Según la OMI, alrededor de 20.000 marinos, además de trabajadores portuarios y personal de instalaciones offshore, se encuentran afectados por la situación en Oriente Medio. El organismo llegó a preparar un plan para evacuar aproximadamente a 6.000 tripulantes de la región, aunque esa operación permanece actualmente pausada.
La preocupación adquiere una dimensión diferente cuando el foco deja de estar únicamente sobre los barcos, las mercancías o el precio de la energía. Cada ataque obliga a tripulaciones civiles a afrontar riesgos propios de un escenario bélico mientras cumplen una actividad comercial indispensable para sostener los intercambios internacionales.
No llevan una misión militar ni forman parte de las fuerzas enfrentadas. Sin embargo, cuando un mercante es alcanzado por un misil, un proyectil o un dron, son ellos quienes están a bordo.
La protección de los marinos llega a Naciones Unidas
La creciente exposición de las tripulaciones comenzó finalmente a trasladarse al terreno diplomático. India y Liberia impulsaron durante la Semana de Alto Nivel de Naciones Unidas un nuevo Grupo de Amigos sobre la Seguridad y Protección de la Navegación y la Gente de Mar, cuya primera reunión contó con representantes de 25 países.
S. Jaishankar, ministro de Asuntos Exteriores de India, volvió sobre el problema este sábado ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Señaló que los ataques contra la navegación comercial y los marinos se están produciendo desde el Golfo y el Mar Rojo hasta el Mar Negro, y reclamó que su seguridad no resulte comprometida y que se respete el derecho internacional.
La iniciativa coloca por primera vez en un mismo plano diplomático una realidad que las tripulaciones vienen afrontando directamente en el mar: el aumento de los conflictos está trasladando hacia los buques mercantes riesgos que pertenecen al ámbito militar.
Ormuz constituye hoy uno de sus ejemplos más graves. Pero los 24 marinos muertos que registra la OMI representan algo más que una estadística de la crisis. Son trabajadores civiles que salieron a navegar y terminaron convertidos en víctimas de guerras que no eran las suyas.
Por: Redacción

