
Mientras gran parte de la atención pública suele concentrarse en el rol diplomático y formativo de la Fragata ARA Libertad, una parte menos conocida de su historia la ubica también entre los grandes veleros del mundo.

La Armada Argentina conmemoró esta semana el 60° aniversario de la obtención de la primera Boston Teapot por parte del buque escuela y de una marca que aún permanece vigente: el récord mundial de velocidad de grandes veleros en el cruce del Atlántico Norte.
El homenaje reunió a integrantes de la dotación que participó del histórico viaje de instrucción de 1966, familiares y autoridades navales. Más allá del acto, la fecha permitió volver sobre una hazaña que mantiene a la embarcación argentina en los registros internacionales de la navegación a vela.
Una travesía que ingresó en la historia náutica
Durante su cuarto viaje de instrucción, bajo el mando del entonces Capitán de Fragata Ricardo Franke, la Libertad cruzó el Atlántico Norte entre Cabo Race, en Canadá, y la isla Dursey, en Irlanda, en apenas ocho días y doce horas. La travesía cubrió 2.058 millas náuticas entre el 2 y el 9 de octubre de 1966.
La marca le permitió obtener la denominada Gran Medalla, una distinción reservada al velero que realiza el cruce del Atlántico Norte en el menor tiempo posible. Según destacó la Armada durante la ceremonia conmemorativa, ese récord continúa sin ser superado seis décadas después.
El mismo viaje también le valió a la Fragata Libertad la primera Boston Teapot de su historia, un reconocimiento internacional otorgado al velero escuela que recorre la mayor distancia exclusivamente impulsado por el viento durante un período continuo de 124 horas.
Sin embargo, la hazaña no puede explicarse únicamente por las condiciones meteorológicas o la pericia de aquella tripulación. La embarcación había sido concebida precisamente para la navegación oceánica de largo alcance y para la formación práctica de los futuros oficiales navales. Diseñada y construida en la Argentina, la fragata reunió características marineras que le permitieron competir con algunos de los más prestigiosos buques escuela del mundo.
Un símbolo de la construcción naval argentina
La historia del buque también está vinculada a uno de los principales hitos de la industria naval nacional. La Fragata ARA Libertad fue construida en el Astillero Río Santiago, en Ensenada, provincia de Buenos Aires, donde comenzó a tomar forma en la década de 1950 antes de incorporarse al servicio activo de la Armada Argentina en 1963.
A lo largo de más de seis décadas de servicio, la denominada «Embajadora de los Mares» se convirtió en una referencia internacional entre los grandes veleros de instrucción. Su presencia en puertos de distintos continentes, sumada a sus desempeños en competencias náuticas y travesías oceánicas, contribuyó a consolidar una reputación que excede largamente las funciones protocolares con las que suele ser identificada.
Diez Boston Teapot y una reputación internacional
La Boston Teapot es considerada una de las distinciones más prestigiosas de la navegación de instrucción internacional. Organizada por Sail Training International, la competencia reúne a embarcaciones dedicadas a la formación de futuros marinos y exige que gran parte de la tripulación esté integrada por personal en etapa de adiestramiento.
En ese contexto, el desempeño de la Fragata Libertad no fue un hecho aislado. La embarcación obtuvo el trofeo en diez oportunidades: 1966, 1976, 1981, 1985, 1987, 1992, 1998, 2000, 2007 y 2025, ubicando a la Argentina entre los países más exitosos en la historia de esta competencia internacional.
Una distinción que se renueva
Más allá de los reconocimientos, estos logros consolidaron el prestigio internacional de la fragata como plataforma de formación profesional y como representante de la tradición marítima argentina. En un ámbito donde participan algunos de los más reconocidos buques escuela del mundo, la permanencia de sus marcas históricas y la reiteración de sus triunfos continúan distinguiendo a la embarcación dentro de la navegación a vela de instrucción.
La conmemoración realizada esta semana recordó una hazaña deportiva y náutica, pero también permitió poner en perspectiva el valor de un buque que combina formación profesional, representación internacional y tradición marinera. Sesenta años después de aquella travesía, el récord continúa vigente y sigue ocupando un lugar singular en la historia marítima argentina.
Por: Redacción

