
La descarbonización del transporte marítimo continúa avanzando desde los proyectos experimentales hacia aplicaciones comerciales cada vez más concretas. En ese escenario, Maersk Tankers estudia la posibilidad de reconvertir parte de su futura flota de Very Large Ammonia Carriers (VLAC) para que puedan operar con motores dual fuel alimentados por amoníaco, una iniciativa que busca acelerar la incorporación de combustibles alternativos en la navegación internacional.
La empresa ya recibió las primeras unidades de una serie de diez VLAC construidos por el astillero surcoreano HD Hyundai Samho Heavy Industries. Estas embarcaciones fueron concebidas para el transporte de amoníaco licuado y gas licuado de petróleo (GLP), pero ahora podrían convertirse también en consumidoras del producto que transportan.
La propuesta forma parte del proyecto denominado “Ripple”, seleccionado por el Fondo de Innovación de la Unión Europea para acceder a financiación destinada al desarrollo de tecnologías orientadas a la reducción de emisiones. El plan contempla la incorporación de motores de dos tiempos capaces de operar tanto con amoníaco como con combustibles convencionales.
Una flota diseñada para una nueva etapa
La iniciativa adquiere relevancia porque traslada el debate sobre los combustibles alternativos desde el diseño conceptual hacia la operación de flotas comerciales. Durante los últimos años, buena parte de la industria concentró sus esfuerzos en el desarrollo de motores, sistemas de almacenamiento y protocolos de seguridad. Ahora, las navieras comienzan a evaluar cómo integrar esas tecnologías en activos concretos.
Los VLAC forman parte de un segmento que podría desempeñar un papel estratégico en los próximos años. Además de transportar amoníaco como carga, estas embarcaciones podrían contribuir al desarrollo de corredores energéticos vinculados a combustibles de bajas emisiones, un aspecto que gana protagonismo a medida que los principales mercados avanzan con objetivos ambientales más exigentes.
Para Maersk, la iniciativa también representa una oportunidad para evaluar en condiciones comerciales reales el desempeño de una tecnología que todavía se encuentra en una fase temprana de adopción dentro del transporte marítimo global.
La reconversión como próximo desafío
Uno de los aspectos más significativos del proyecto es que pone el foco en la adaptación de buques ya encargados o en construcción, en lugar de limitarse exclusivamente al diseño de nuevas embarcaciones. Esta tendencia podría ganar impulso en los próximos años a medida que las compañías navieras busquen reducir emisiones sin depender únicamente de programas de renovación completa de flota.
La decisión definitiva sobre la reconversión de los diez VLAC aún dependerá de factores comerciales y de mercado. La compañía indicó que el avance del proyecto estará vinculado a la existencia de compromisos concretos por parte de clientes y operadores interesados en utilizar este tipo de soluciones.
Más allá de su resultado final, la iniciativa muestra cómo la industria marítima comienza a explorar una nueva fase de la transición energética. Si durante la última década el desafío estuvo centrado en identificar combustibles alternativos viables, ahora el objetivo pasa por integrarlos en operaciones comerciales capaces de funcionar a gran escala y sostenerse económicamente en el tiempo.
Por: Redacción

