
Hoy no es un día común, como no lo debe haber sido cuando su nacimiento. Subió hoy a mejores instancias espirituales un verdadero Maestro, el ingeniero químico Antonio Siri. En mi parecer una de las mentes más brillantes que conocí.
El profesor Siri ya era grande y jubilado a mediados de los ochenta, cuando bajo la bandera de la Cámara Junior daba cursos de oratoria, análisis de problemas y toma de decisiones. Siempre elegante y mostrando el camino de la educación y las buenas normas, de la puntualidad y de la seriedad en la enseñanza.

Volví a reencontrarlo 30 años después, cuando en un seminario él sería quien abriese las conferencias. El hombre seguía intacto, en ganas y mente. A partir de ese momento pasamos a tener una convivencia frecuente, en diferentes encuentros portuarios o de producción y también en mesa de asado, en rueda de amigos, en las cuales la proximidad y los tiempos oportunizaban preguntarle más, exactamente a alguien que tenía mucho a decir.
Hace un lustro fui su alumno nuevamente, durante un año, en una diplomatura de gestión portuaria brindada por el puerto de Bahía Blanca y tuve el grandísimo privilegio de presenciar su clase magistral de geografía económica, plagada de analogías e inferencias, cuando finalizaba su materia. Es menester describir que el ingeniero Siri ya contaba con más de 90 años cuando desde su agigantada altura y trayectoria académica nos abrió a los presentes un abanico de información precisa y sólida, yendo y viniendo en el tiempo y en los tópicos, abriéndolos y cerrándolos con la magia de un windows notable.
En esa conferencia estaba sentado con una pantalla gigante atrás que iba cambiando las imágenes acorde al discurso, sin necesidad de que el PROFESOR tuviese que mirar hacia atrás o que iniciara su oratoria basado en lo que surgiese en el monitor. Fueron 2 horas y 15 minutos de docencia pura de la mejor calidad, porque además en cada oportunidad entusiasmaba a ser mejores y a tener la opción de cambiar las adversidades. Al teminar tuve mucha alegría al aplaudirlo de pie, como lo merecía, como lo ameritaba tamaña clase magistral.
Un privilegio haberlo conocido y permítame llamarlo ”querido Antonio”, lo llevaré presente recordando su humor irreverente, en su voz ronca y en la lectura de su último libro en el cual me brindó una hermosa dedicatoria. Gracias por todas las charlas, por las orientaciones, por el respeto que imponía y al mismo tiempo lo brindaba, a nosotros los comunes.
Profesor de Historia - Universidad Federal de Pelotas - Rio Grande Do Sul - Brasil | Marino Mercante

