
La empresa Southern Energy anunció la instalación de un segundo buque flotante de licuefacción (FLNG) en la costa rionegrina, tras aprobar la decisión final de inversión (FID) para el MKII, una unidad reconvertida en China que operará junto al Hilli Episeyo. Ambos buques procesarán gas proveniente de Vaca Muerta, con destino exclusivo a mercados internacionales.
La capacidad conjunta alcanzará los 6 millones de toneladas anuales de GNL, equivalentes a unos 27 millones de m³ diarios de gas natural. El proyecto se enmarca en el Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones (RIGI), que habilita exportaciones sin restricciones por 30 años y garantiza libre disponibilidad de divisas a partir del tercer año.
La inversión total supera los USD 15.000 millones en dos etapas: USD 3.200 millones entre 2024 y 2031, y otros USD 2.800 millones entre 2032 y 2035. Según voceros de Southern Energy, el proyecto “viabiliza nuevas inversiones en el upstream de Vaca Muerta” y “posiciona a Argentina como proveedor competitivo de GNL en el hemisferio sur”.
La operación logística incluirá un gasoducto dedicado desde la cuenca neuquina hasta el Golfo San Matías, además de infraestructura portuaria y sistemas de carga offshore. Se estima la creación de 1.900 empleos directos e indirectos, con participación local del 50% en bienes y servicios.
La composición accionaria de Southern Energy refleja una alianza público-privada con proyección global: Pan American Energy (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y Golar LNG (10%). Esta última proveerá ambos buques y recibirá ingresos fijos más un componente variable vinculado al precio internacional del GNL.
Con esta segunda unidad, Argentina no solo acelera su ingreso al mercado global de gas licuado, sino que redefine el mapa energético del Atlántico sur. La costa rionegrina, históricamente relegada en la planificación portuaria nacional, se convierte en plataforma de salida para uno de los recursos más disputados del siglo XXI.
La licuefacción flotante no es solo una solución técnica: es una decisión geopolítica. Y como toda decisión estratégica, exige mirar más allá del volumen exportado. ¿Qué modelo de desarrollo territorial acompaña esta infraestructura? ¿Qué rol jugarán las comunidades costeras en esta transformación energética?
Por: Redacción

