
Buenos Aires. El Río de la Plata es uno de los mayores estuarios del mundo. Su condición híbrida —donde confluyen agua dulce del sistema Paraná-Paraguay y corrientes salinas del Atlántico— puede desorientar a ejemplares jóvenes o debilitados en pleno proceso migratorio. En agua dulce, la fisiología de las ballenas se altera: la piel pierde su capacidad de protección, la flotabilidad disminuye y las infecciones proliferan.
La jorobada hallada en Zárate murió por colisión con una embarcación de gran porte. Así lo confirmó el Instituto de Conservación de Ballenas, tras análisis veterinarios coordinados con Prefectura. El tráfico fluvial intenso, el ruido submarino y las redes de pesca son factores que interfieren en la ecolocalización de los cetáceos. Las sei juveniles encontradas en Vicente López y Tierra Santa no presentaban lesiones visibles. Las necropsias continúan, pero ya se considera que el entorno fluvial agravó su vulnerabilidad.
Históricamente, los casos de cetáceos en zonas fluviales han sido excepcionales: siete registros en 25 años, algunos en el Litoral entrerriano. Pero esta sucesión de tres episodios en tan poco tiempo revela una tensión nueva. Especialistas advierten que la interacción entre cetáceos y entornos urbanos ya no puede leerse como anomalía. Se trata de una frontera crítica —ambiental, logística y política— que merece atención integral.
Las ballenas en agua dulce no son solo cuerpos desplazados: son señales. Señales que interrumpen la rutina logística, cuestionan la planificación territorial y revelan la fragilidad de sistemas que no anticipan lo vivo como parte del paisaje operativo. La frontera entre sal y dulce —ese cruce aparentemente natural— se vuelve escena de conflicto cuando colisionan la migración animal y la infraestructura humana.
La aparición de cetáceos en el río obliga a repensar escalas: desde la conservación biológica hasta la logística portuaria, pasando por la sensibilidad urbana y ribereña. Porque cuando una ballena aparece en el Paraná, no solo varan sus sentidos. También quedamos varados nosotros, frente a un espejo que no esperábamos mirar.
Por: Redacción

