
Buenos Aires. Durante días, decenas de miles de personas se sumergieron —literalmente— en una experiencia visual que parecía salida de un documental de la BBC o de una producción de National Geographic. Pero no era Londres ni California: era el fondo del mar argentino, transmitido en vivo desde el buque Falkor (too), con criaturas que flotaban como si fueran animaciones de Pixar, pero eran reales, inéditas, y estaban a más de 3.900 metros de profundidad frente a Mar del Plata. La calidad de las imágenes, la serenidad del relato científico y la belleza de los hallazgos convirtieron la campaña en un fenómeno cultural, donde el asombro colectivo se mezcló con una pregunta inevitable: ¿qué sabemos realmente de nuestro mar?
Un cañón submarino entre dos mundos
A 300 kilómetros de la costa bonaerense, el Cañón Mar del Plata se despliega como una grieta profunda en el talud continental, alcanzando más de 4.000 metros de profundidad. Este enclave funciona como frontera biogeográfica entre dos corrientes oceánicas: la cálida del Brasil y la fría de Malvinas. Su interacción genera surgencias de nutrientes que alimentan ecosistemas únicos, con especies adaptadas a la oscuridad, la presión extrema y la escasez de oxígeno.
La campaña científica, liderada por el Schmidt Ocean Institute y el CONICET, eligió este cañón por su potencial para revelar procesos clave en la dinámica del Atlántico Sur. No se trata solo de biodiversidad: el sitio es estratégico para entender el transporte de carbono, la conectividad entre hábitats y el impacto de las corrientes profundas en el clima regional.
Exploración extrema, ciencia rigurosa y viralización inesperada
Durante más de dos semanas, el buque Falkor (too) transmitió en vivo imágenes desde el fondo marino argentino, gracias al ROV SuBastian, un vehículo operado remotamente que descendió hasta 3.900 metros sin alterar el entorno. La calidad de las imágenes, la aparición de criaturas inéditas y la narración en tiempo real con científicos a bordo convirtieron la campaña en un fenómeno de divulgación masiva.
En redes sociales, figuras como “Batita” —una holoturia violeta bautizada por el público— y “Patricio Estrella” —una estrella de mar de cinco brazos— se volvieron íconos de la exploración. Pero detrás del espectáculo, se desplegó una operación científica rigurosa, con protocolos de muestreo, análisis genéticos y registro sistemático de hábitats.
Hallazgos inéditos y ciencia de frontera
La expedición recolectó muestras de ADN ambiental (eDNA), trampas de zooplancton, sedimentos y organismos bentónicos que permitirán estudiar la biodiversidad profunda con métodos no invasivos. Se identificaron especies nunca antes registradas en la región, algunas posiblemente nuevas para la ciencia.
Además, se realizaron estudios sobre carbono azul —el que capturan los ecosistemas marinos— y sobre la dinámica de los sedimentos en zonas de alta presión. Investigadores argentinos de institutos como Ibiomar, Inidep y CCT Bahía Blanca participaron activamente en la campaña, tanto a bordo como en el análisis posterior, consolidando una red científica con proyección internacional.
Prestigio internacional, riesgo local
La campaña posicionó a la ciencia argentina en el mapa global de la exploración oceánica. El reconocimiento del Schmidt Ocean Institute, la calidad de los datos obtenidos y la participación activa de investigadores locales confirman el potencial del sistema científico nacional.
Sin embargo, ese mismo sistema enfrenta recortes, precarización y falta de financiamiento. Muchos de los científicos que participaron en la campaña trabajan con becas discontinuas, laboratorios desfinanciados y equipos obsoletos. La paradoja es evidente: mientras Argentina muestra músculo en aguas profundas, en superficie falta oxígeno institucional.

La ciencia argentina mostró músculo en aguas profundas. Lo que falta es oxígeno en superficie. Gregorio Bigatti, investigador principal del CONICET, lo resume con crudeza desde el laboratorio del Falkor (too): “Es como hacer una casa. Si tenés financiamiento, tardás menos. Pero si tenés que ir consiguiendo ladrillos y demás, vas a tardar más”. Por su parte Javier Signorelli, también a bordo, celebra el interés social pero advierte: “Deseamos que toda la sociedad tome conciencia de la importancia de la ciencia en Argentina”.
Mientras el mundo celebra los hallazgos del Cañón Mar del Plata, el gobierno nacional cierra líneas de financiamiento, paraliza proyectos y desmantela equipos. La expedición fue posible gracias a una convocatoria internacional, no a una política pública local. La exploración del abismo no fue solo una hazaña científica: fue una advertencia. Sin inversión sostenida, ni siquiera el fondo del mar podrá ocultar el naufragio.
Por: Redacción

