
La escena no pasa desapercibida: un buque factoría de 146 metros de eslora, capaz de procesar pescado en alta mar y almacenar hasta 7.600 toneladas, maniobra en el Molo de Iquique como si fuera un puerto mayor. El Annelies Ilena, de bandera polaca, descargó 4.000 toneladas de jurel procesado, además de caballa, jibia y bonito, en una operación que activa 13 turnos portuarios y moviliza 210 contenedores. Cuatro de ellos partirán rumbo a Holanda; el resto, hacia mercados africanos.
La maniobra no solo impresiona por su escala. Marca la primera participación de Maersk en una faena de este tipo en el norte chileno y consolida la vocación versátil del puerto, que se posiciona como nodo estratégico frente a terminales peruanos. “Recaladas de esta naturaleza activan el trabajo de nuestra comunidad portuaria y refuerzan nuestra conexión internacional”, señaló Rubén Castro, gerente general de Empresa Portuaria Iquique (EPI).
La presidenta del directorio de EPI, Magdalena Balcells, agregó que este tipo de operaciones diversifican la actividad portuaria y proyectan nuevas rutas logísticas. En paralelo, el gobierno chileno impulsa una mesa de alto nivel para fortalecer el corredor bioceánico vial, con Iquique como punto de enlace entre el Pacífico y el interior sudamericano.
Construido en el año 2000, el Annelies Ilena opera como planta flotante: procesa, congela y embala directamente en altamar. Su capacidad equivale al consumo anual de pescado de un millón de personas. Este tipo de embarcaciones, que combinan eficiencia industrial y autonomía operativa, han transformado la pesca global y la logística portuaria.
El arribo del Annelies Ilena no solo reactiva la cadena logística del norte chileno: confirma que Iquique puede recibir, procesar y proyectar carga internacional con precisión quirúrgica. En tiempos de transición ecológica y reconfiguración comercial, estas recaladas marcan el pulso de una región que se piensa como eje del Pacífico Sur.
Por: Redacción

