
Buenos Aires. En una tarde de invierno porteño, con aroma a café recién hecho y maquetas que parecen susurrar historias desde las vitrinas, conversamos con Carlos Allievi, socio de Sociedad Cachalote. La charla fue amena, entre anécdotas y detalles técnicos, en ese clima que invita a quedarse un rato más. Desde julio, el salón incorporó nuevos modelos de barcos de guerra que participaron en la Segunda Guerra Mundial, y con ellos, una propuesta que combina precisión histórica, pasión artesanal y memoria compartida.
Confluencia Portuaria: Carlos, ¿qué te motivó a incorporar estos modelos de la Segunda Guerra Mundial al salón?
Carlos Allievi: Siempre nos interesó la historia naval, pero notamos que había un público muy específico que buscaba revivir las grandes batallas a través del modelismo. Desde julio decidimos ampliar nuestra oferta con barcos emblemáticos de la Segunda Guerra Mundial, y la respuesta fue inmediata. Hay algo muy potente en poder tener en tus manos una réplica del Missouri o del Tirpitz, con todos sus detalles.

CP: ¿Qué tipo de modelos están disponibles actualmente?
Carlos: Trabajamos con plastimodelismo de la marca Revell, en escala 1/350. Eso significa que cada barco mide aproximadamente 70 cm de eslora, respetando las proporciones del original. Están pintados con los colores clásicos de la época y acompañados por reseñas históricas que contextualizan su participación en el conflicto. Hoy tenemos tres modelos armados y exhibidos: el acorazado USS Missouri de la Armada de EE.UU., el acorazado clase Bismarck Tirpitz de la Kriegsmarine alemana, y el crucero HMS Hood de la Real Armada Británica.
CP: ¿Hay posibilidad de personalizar los modelos?
Carlos: Sí, y eso es lo que más entusiasma a muchos visitantes. Podemos armar y pintar barcos a pedido, incluso aquellos menos conocidos o pertenecientes a otras armadas. Algunos clientes vienen con una historia familiar detrás, con un barco específico que quieren homenajear. Para nosotros, eso transforma el trabajo en algo mucho más significativo.
CP: ¿Cómo ves el vínculo entre el modelismo y la memoria histórica?
Carlos: Es un vínculo profundo. Cada modelo es una forma de contar una historia, de mantener viva una época. No se trata solo de coleccionismo, sino de una manera de aprender, de conectar con lo que pasó. Y en ese sentido, Sociedad Cachalote busca ser un espacio donde la historia naval se pueda tocar, mirar y compartir.
CP: ¿Qué esperás que sienta quien entra al salón y se encuentra con estos modelos?
Carlos: Que se detenga. Que mire. Que imagine. Cada barco tiene una historia, y cada historia puede resonar distinto en quien la observa. Queremos que el salón sea un lugar donde la curiosidad se despierte, donde la memoria se active, y donde el mar —aunque sea en escala— siga siendo un territorio de exploración.
En Sociedad Cachalote, cada maqueta es más que un objeto: es una travesía en miniatura, una cartografía del recuerdo, una emoción que navega entre vitrinas. Porque hay quienes coleccionan barcos, y hay quienes, como Sociedad Cachalote, construyen memorias que flotan en escala.
Por: Redacción