
Almería, España. En el Mediterráneo, la pesca fantasma dejó de ser una metáfora. Redes abandonadas, perdidas o descartadas —conocidas como ALDFG por sus siglas en inglés— continúan atrapando fauna marina durante años. Tortugas, cetáceos, tiburones y aves quedan enredados en estructuras invisibles que no responden a ningún patrón de captura, pero sí a una lógica de daño persistente.
El proyecto europeo LIFE OASIS, lanzado en febrero de 2025, busca mitigar ese impacto. Participan biólogos de la Universitat de València, el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC), la Universidad de Pisa, organizaciones conservacionistas como Filicudi Wildlife Conservation, y actores del sector pesquero como CEPESCA. La iniciativa combina monitoreo científico, rescate de fauna y trazabilidad de artes de pesca, con apoyo de la plataforma ciudadana Observadores del Mar.
Alta densidad y concentración
El Mediterráneo concentra el 10% de la biodiversidad marina mundial. Su alta densidad pesquera, sumada a corrientes que redistribuyen residuos, lo convierte en un punto crítico. Las redes fantasma no solo afectan la fauna: también alteran la sostenibilidad pesquera, el turismo costero y la seguridad en la navegación.
Aunque el proyecto LIFE OASIS se enfoca en tortugas marinas, el problema excede especies y fronteras. La FAO estima que más de 640 mil toneladas de artes de pesca se pierden o abandonan cada año en los océanos. La falta de normativas vinculantes y de sistemas de trazabilidad efectivos agrava el escenario.
La pesca fantasma en el Mediterráneo expone una falla estructural en la gestión de residuos pesqueros. Mientras Europa avanza en protocolos de recuperación y trazabilidad, ¿qué rol pueden jugar los puertos latinoamericanos en la prevención? La pregunta no es retórica: en zonas de alta actividad pesquera, como Mar del Plata o Rawson, el debate aún no tiene marco normativo ni estrategia territorial.
Por: Redacción