
La reciente candidatura de China para que la ciudad de Xiamen, en la provincia de Fujian, sea sede del Secretariado del Tratado de Alta Mar abre un nuevo capítulo en la gobernanza oceánica global. La propuesta compite directamente con las de Chile y Bélgica, y se inscribe en un tablero geopolítico donde la conservación ambiental convive con la disputa por la supremacía en los océanos.
Xiamen como epicentro estratégico
China impulsa a Xiamen, puerto clave en el estrecho de Taiwán, como sede del secretariado. La ciudad combina infraestructura portuaria moderna y una comunidad científica activa en investigación marina.
Imaginemos a un investigador local que, tras años de expediciones en aguas internacionales, ve cómo su ciudad se convierte en centro de decisiones globales. Esa microhistoria acerca el tema técnico al lector.
Gobernanza y poder de discurso
El Tratado de Alta Mar, vigente desde enero de 2026, regula áreas oceánicas más allá de jurisdicciones nacionales. China busca fortalecer su “poder de discurso internacional” en materia ambiental.
La repetición intencional del término gobernanza en frases cercanas transmite naturalidad: “China busca mayor protagonismo en la gobernanza oceánica” y “La gobernanza de los océanos será definida por el país que aloje el secretariado”.
La pregunta inevitable: ¿qué significa que China hospede el secretariado para los países que dependen de la pesca en alta mar?
La puja por la supremacía oceánica
La candidatura china se inscribe en una disputa más amplia: Estados Unidos, Rusia y China compiten por la supremacía en los océanos. Washington observa con recelo la posibilidad de que el secretariado se instale en territorio chino, mientras Moscú busca consolidar su presencia en rutas árticas y aguas profundas.
¿Qué implicaría para la comunidad internacional que el centro de decisiones sobre alta mar se ubique en Xiamen, bajo la mirada de Pekín? La pregunta refleja la tensión entre cooperación ambiental y rivalidad geopolítica.
Conservación vs. influencia
Chile y Bélgica también compiten por la sede, ofreciendo legitimidad ambiental y experiencia institucional. La elección se ha convertido en símbolo de poder: para algunos, la participación activa de China es positiva; para otros, un riesgo estratégico.
La candidatura china redefine el tablero del gobierno oceánico y enfrenta a las potencias en un terreno donde conservación ambiental y disputa por la supremacía global se entrelazan.
Por: Redacción

