
La economista Qian Liu, fundadora de Wusawa Advisory, expuso en Dalian la nueva configuración de la economía china: exportaciones, consumo privado e inversión. Con cifras precisas y contexto global, describió cómo estos tres pilares marcan el rumbo del país en 2026 y condicionan su relación con Europa y Asia.
En un diálogo organizado por el Foro Económico Mundial y The Straits Times, Liu explicó que el superávit comercial ya no es el motor principal de China. El consumo privado enfrenta desafíos estructurales y la inversión se mueve bajo un clima de cautela. La mirada institucional se centra en cómo estas transformaciones impactan en la logística, el comercio y la proyección internacional.
Exportaciones e importaciones
Hace dos décadas las exportaciones representaban el 35% del Producto Interno Bruto (PIB) de China. Hoy apenas rondan el 18% o 19%. El cambio refleja una economía más diversificada y menos dependiente de los envíos externos.
El caso de Estados Unidos es ilustrativo: las exportaciones hacia ese mercado representan menos del 10% del total. Si ese comercio colapsara por completo, el impacto sería de apenas un 2% del PIB. Liu subrayó que el verdadero riesgo está en Europa, donde las tensiones comerciales se intensifican. La reciente aplicación de aranceles europeos a los autos eléctricos chinos y la respuesta de Pekín sobre productos como el coñac francés muestran cómo sectores menores en volumen pueden dominar la agenda política y mediática.
Consumo privado
El consumo privado representa cerca del 40% del PIB chino, pero atraviesa su mayor desafío en décadas. Tres factores explican la falta de confianza de los hogares:
- Menores ingresos disponibles: el crecimiento anual de los ingresos se redujo a un 5%, muy por debajo de las tasas de dos dígitos de años anteriores.
- Desempleo juvenil: distintas fuentes estiman que la tasa de desempleo entre jóvenes llegó a superar el 40%, afectando especialmente a graduados universitarios.
- Caída del mercado inmobiliario: más del 90% de las familias posee vivienda propia. La baja en los precios de las casas redujo la percepción de riqueza y frenó el gasto.
Este escenario limita la capacidad de China para sostener un crecimiento basado en la demanda interna. La falta de confianza se traduce en menor consumo de bienes durables y en un mercado inmobiliario que ya no funciona como motor de expansión.
Inversión y cambio de mentalidad
El tercer pilar es la inversión, marcada por un cambio cultural profundo. Durante años las provincias chinas competían como fondos de capital de riesgo, permitiendo fallar rápido y corregir rumbo con agilidad. Hoy la consigna es “cometer menos errores”.
La consecuencia es un ambiente de inversión más conservador, donde la opción más segura para las empresas es no arriesgarse. Este giro afecta la innovación y la capacidad de China para liderar sectores emergentes. La incertidumbre regulatoria y las tensiones geopolíticas refuerzan la tendencia a la cautela.
Impacto regional
El efecto de la maquinaria exportadora china se siente en el Sudeste Asiático. Indonesia perdió competitividad en textiles frente a productos chinos de bajo costo. Malasia y Tailandia enfrentan crisis en las industrias del mueble y automotriz. Liu comparó la situación con una tienda que vende helado de vainilla barato y delicioso: los países compran tanto que luego culpan a China por “engordar”. La analogía refleja cómo la dependencia de productos chinos genera tensiones en la región.
Geopolítica y tensiones con Europa y Estados Unidos
Las tensiones con Europa se expresan en medidas arancelarias y represalias comerciales que, aunque representan menos del 1% del comercio bilateral, concentran la atención mediática. En paralelo, la relación con Estados Unidos se mueve entre fricciones tecnológicas y negociaciones pragmáticas. Liu destacó que el dominio chino sobre las tierras raras es una carta de poder que Washington no podrá igualar en al menos cinco años.
Los conflictos en Ucrania y Medio Oriente mantienen la atención de Estados Unidos lejos de China, pero la fricción tecnológica, militar y financiera apenas comienza. Este contexto refuerza la necesidad de interpretar los tres pilares económicos como parte de una estrategia más amplia de posicionamiento global.
Economía de género y capital humano
Qian Liu también subrayó el impacto de la educación de las mujeres en la economía. Cada año adicional de educación genera un retorno promedio del 10% en ingresos, superior al de los hombres. Además, cuando la educación de una esposa aumenta un año, los ingresos de su esposo suben entre un 18% y un 23%, y los hijos muestran mejor desempeño escolar.
Invertir en la educación femenina podría sumar hasta 4 billones de dólares al PIB mundial para 2030. Liu, autora de un libro sobre economía de género, recordó que nació en Shandong, una región tradicional donde las mujeres a veces no se sientan a la mesa con los hombres. Gracias al apoyo de sus padres pudo estudiar en Suecia y en la Universidad de California en Berkeley, y definió la verdadera equidad como acceso a las mismas oportunidades.
La redefinición de los tres pilares muestra una economía en transición. Menor peso de las exportaciones, consumo privado debilitado e inversión cautelosa configuran un escenario de ajuste estructural. Para los actores institucionales, el desafío es interpretar cómo estos cambios impactarán en la logística global, en la relación con Europa y en la competencia tecnológica con Estados Unidos.
China se proyecta como un actor que busca equilibrio entre apertura y prudencia, con implicancias directas en los flujos comerciales y en la gobernanza marítima internacional.
Por: Redacción

