
El 2 de abril de 2026, organizaciones de derechos humanos y medios regionales denunciaron que la junta militar de Myanmar mantiene su capacidad aérea gracias a una red de buques cisterna que operan fuera de las normas internacionales. Estos barcos apagan sus sistemas de rastreo, cambian banderas y realizan transferencias opacas en alta mar, asegurando el ingreso de combustible de aviación pese a sanciones internacionales.
Barcos fantasma en el mar de Andamán
Amnistía Internacional señaló en su último informe que “cinco años después del golpe militar, la cadena de suministro de combustible sigue fuera de control”. La organización documentó al menos cuatro embarcaciones que realizaron envíos entre 2024 y 2025, vinculadas a la llamada “flota oculta” iraní. Estas operaciones se desarrollan en el mar de Andamán, un corredor que combina contrabando de petróleo, tráfico humano y violaciones sistemáticas de derechos.
Medios locales como The Irrawaddy confirmaron que los envíos incluyen no solo combustible de aviación, sino también cargamentos de urea, insumo que puede utilizarse en explosivos. Myanmar Now agregó que las transferencias se realizan en horarios nocturnos, con apoyo de intermediarios regionales que facilitan la logística.
Combustible sancionado para la junta militar
El petróleo invisible sostiene la capacidad aérea de la junta, que en 2025 ejecutó más de 5.600 operaciones, el doble que en 2024. “La industria naval enfrenta un desafío histórico: garantizar transporte seguro y eficiente sin comprometer el futuro del planeta”, declaró un portavoz de Amnistía, subrayando que cada envío clandestino se traduce en más ataques contra comunidades civiles.
Global Policy Journal analizó el fenómeno desde la perspectiva de seguridad energética: “La falta de control regulatorio en las cadenas de suministro permite que regímenes sancionados encuentren rutas alternativas. El caso de Myanmar es un ejemplo de cómo la energía se convierte en arma de guerra.”
Impacto en la crisis rohinyá
El transporte marítimo, que moviliza más del 80% del comercio mundial, se ha convertido en un vector de represión en Myanmar. Los ataques aéreos sostenidos por este combustible han intensificado el genocidio contra los rohinyás y otras comunidades opositoras. Frontier Myanmar documentó que aldeas enteras fueron arrasadas en 2025, con miles de víctimas civiles.
El analista regional John Peterson advirtió: “Si esta tecnología de evasión se mantiene, marcará un antes y un después en la logística criminal. La clave será la aceptación regulatoria y la presión internacional para cortar el suministro.”
El informe de Amnistía y los medios regionales coinciden en que la flota fantasma seguirá operando mientras no exista un mecanismo internacional de control efectivo. La junta militar, por su parte, no ha respondido a las acusaciones. El mar de Andamán se consolida así como un espacio de impunidad, donde el petróleo invisible alimenta una de las crisis humanitarias más graves de la región.
Por: Redacción

