
El plan de desregulación impulsado por el ministro Federico Sturzenegger alcanzó un límite institucional que trasciende la lógica económica: el Servicio de Hidrografía Naval (SHN). Considerado por especialistas y Fuerzas Armadas como un organismo científico estratégico, el SHN sostiene la presencia argentina en el Atlántico Sur, la Antártida y la Hidrovía Paraná–Paraguay. Su vaciamiento financiero y de personal calificado no es un ajuste más: equivale a ceder soberanía fáctica y científica en áreas críticas.
El rol científico del SHN en la Antártida
Creado en 1879, el SHN es responsable de la producción de datos oceanográficos, batimétricos, cartográficos y mantenimiento del balizamiento, físico y virtual, que permiten la navegación segura y la investigación científica. En la Campaña Antártica de Verano (CAV), técnicos del organismo embarcan en el rompehielos ARA Almirante Irízar para realizar mediciones de campo, instalar y mantener faros, boyas y señales náuticas.

La densidad científica que aporta el SHN es vital para cumplir con el Tratado Antártico, que exige presencia activa en investigación para sostener los derechos territoriales. Sin esos relevamientos, la Argentina corre el riesgo de degradar su presencia a mera logística de supervivencia, debilitando su posición frente a otras potencias con intereses en el continente blanco.
Juan Carlos Suárez, secretario de la Federación de Trabajadores Marítimos, lo sintetizó con crudeza: “Si se marginan los técnicos del SHN, la Campaña Antártica se convierte en logística vacía. La Argentina perderá el peso científico que exige el Tratado Antártico para sostener sus derechos.”
El recorte presupuestario y la política de retiros voluntarios golpean directamente a este núcleo de especialistas. La pérdida de técnicos capacitados no puede suplirse con improvisación: se trata de saberes acumulados durante décadas, indispensables para operar en condiciones extremas.
Cartografía y soberanía en el Atlántico Sur
El SHN no es un gasto burocrático, sino el brazo científico que respalda la demarcación de la Plataforma Continental Argentina. En 2016, la Comisión de Límites de la ONU reconoció la extensión de 1,7 millones de km² adicionales bajo jurisdicción argentina, gracias a los datos oceanográficos producidos por el SHN.
Estos relevamientos son la base para sostener reclamos sobre áreas en disputa, como las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Dejar de medir el fondo marino equivale a un abandono indirecto de estas zonas, cediendo soberanía científica y fáctica ante la ocupación británica y el avance logístico de potencias extranjeras.
Beto Valdez, periodista político, advirtió en un reporte: “El plan de desguace del Servicio de Hidrografía Naval no es un ajuste administrativo, sino un retroceso en soberanía científica y territorial que golpea a la Antártida, las Malvinas y la Hidrovía.”
Mariana Vázquez, periodista especializada en defensa, reforzó la idea: “Reducir el SHN a una oficina residual es desconocer que cada carta náutica y cada boya son piezas de soberanía. No es un gasto, es la base científica de nuestra presencia en el Atlántico Sur.”
La lógica de “bajar costos” aplicada por Sturzenegger desconoce que cada boya, cada carta náutica y cada dato batimétrico son piezas de un engranaje mayor: la defensa territorial. Reducir el SHN a una estructura mínima es desarmar el soporte científico que legitima la presencia argentina en el Atlántico Sur.
La Hidrovía y el riesgo de desregulación
El impacto del plan también alcanza a la Hidrovía Paraná–Paraguay, principal vía de exportación del país. El SHN cumple funciones de control y actualización cartográfica en un río de llanura complejo, donde los encallamientos y accidentes son riesgos permanentes.
La propuesta de flexibilizar el cabotaje y el practicaje obligatorio para “bajar costos logísticos” implica habilitar la libre navegación de capitanes extranjeros sin asistencia técnica nacional ni respaldo de cartas oficiales actualizadas. Gremios y peritos navales advierten que esta medida incrementa el riesgo de accidentes y compromete la capacidad del Estado de ejercer control efectivo sobre la vía fluvial.
El Colegio de Prácticos del Río Paraná lo expresó en un comunicado institucional: “Autorizar maniobras sin la guía de prácticos argentinos y sin cartografía oficial vigente es abrir la puerta a encallamientos y catástrofes ambientales. El SHN sigue siendo el único garante de seguridad en un río de llanura tan complejo.”
El debilitamiento del poder de policía del Estado sobre la Hidrovía no solo afecta la seguridad de la navegación, sino también la capacidad de controlar el flujo comercial y proteger los intereses nacionales frente a actores externos.
Valoraciones
El vaciamiento del Servicio de Hidrografía Naval no es un ajuste administrativo: es una decisión que compromete la soberanía marítima de la Argentina en tres frentes estratégicos —Antártida, Atlántico Sur y Hidrovía. La lógica de desregulación aplicada por el ministro Sturzenegger, bajo el argumento de reducir costos, desconoce el valor geopolítico de la ciencia marítima.
La pérdida de técnicos especializados, la reducción de relevamientos oceanográficos y la flexibilización del control estatal equivalen a ceder terreno en áreas donde la presencia argentina es vital. La gobernanza marítima exige visión estratégica, no simplificación contable.
La Argentina enfrenta una disyuntiva: sostener el SHN como pilar científico y territorial, o aceptar que el vaciamiento lo convierta en un organismo residual. En ese desenlace se juega mucho más que un presupuesto: se define la capacidad del país de proyectar soberanía en el Atlántico Sur, defender sus derechos en la Antártida y garantizar la seguridad de la Hidrovía.
Por: Redacción

