
El langostino argentino consolidó su prestigio como producto salvaje de calidad excepcional. Su carne firme y sabor intenso lo convirtieron en protagonista de menús gourmet en Europa y Asia. Darío Gualtieri lo describe como “una delicia única, fruto de un ecosistema puro”, mientras que Iwao Komiyama lo compara con un corte premium de carne: “tiene el equilibrio justo entre grasa y carne, como un buen bife de chorizo”.
En Francia, Mauro Colagreco lo incorporó en menús de alta cocina en Mirazur, reforzando su imagen como producto premium de exportación. Estas voces consolidan al Pleoticus muelleri como joya gastronómica internacional, un producto que trasciende la categoría de commodity y se instala como emblema gourmet.
Crisis estructural

Las exportaciones de langostino pasaron de USD 1.300 millones en 2019 a USD 867 millones en 2025. La caída de precios internacionales, sumada al aumento de costos logísticos y fiscales, genera un escenario de inviabilidad para muchas empresas. Las cámaras empresarias advierten que, sin medidas de alivio, el producto argentino perderá competitividad frente al Vannamei asiático, que inunda mercados globales con volúmenes superiores al millón de toneladas anuales.
Impacto laboral
Más de 20.000 empleos directos e indirectos dependen de la captura y procesamiento del langostino en Chubut, Santa Cruz y Buenos Aires. Municipios como Puerto Madryn y Rawson tienen a la pesca como motor económico. Cada paralización de flota repercute en plantas de procesamiento, servicios portuarios y comunidades enteras. La continuidad de la zafra es vital para sostener el entramado social y productivo de la región.
Competencia internacional
El Vannamei asiático se impone por precio y volumen. Cultivado en criaderos intensivos en Asia y Ecuador, depende del uso frecuente de antibióticos y aditivos para controlar enfermedades como la necrosis hepatopancreática aguda (AHPND). Esto genera riesgos de resistencia bacteriana y cuestionamientos ambientales.
Aunque se experimenta con probióticos para reducir esa dependencia, gran parte de la producción sigue ligada a prácticas intensivas. Su carne más blanda y sabor neutro lo posicionan en cadenas de supermercados y fast food, mientras el Pleoticus muelleri se sostiene en nichos gourmet. La diferencia de escala amenaza con desplazarlo si Argentina no refuerza su estrategia de valor agregado, diferenciación y defensa comercial.
Contexto gremial
El reciente acuerdo entre el SOMU y las cámaras empresarias permitió reactivar más de 100 buques tangoneros y garantizar la continuidad de la temporada 2026. Aunque asegura paz social en el corto plazo, no resuelve la crisis de fondo. El sector insiste en la necesidad de políticas fiscales y comerciales que respalden su competitividad.
El langostino argentino es más que un recurso pesquero: es una joya gastronómica y un motor económico para la Patagonia. Su calidad excepcional lo distingue en el mundo, pero requiere defensa activa de todos los actores —empresas, gremios y Gobierno— para sostener empleo, identidad y competitividad global. La batalla no es solo por un producto: es por el lugar de Argentina en la mesa internacional del mar.
Por: Redacción

