• Saltar al contenido principal
  • Skip to secondary menu
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Saltar al pie de página
  • Quiénes Somos
  • Contacto

Confluencia Portuaria

El Hub del Sudoeste Bonaerense


  • Puertos
  • Navegando de Bolina
  • Transporte y Logística
  • Medio Ambiente
  • Interés General
    • Prefectura Naval
    • Gendarmería
    • Mendoza
    • Córdoba
    • Jujuy
    • Historia
    • Pesca España
  • Zona Franca

Malvinas: la contradicción entre las sanciones petroleras y la logística que las sostiene
Hay momentos en los que una política de Estado exige algo más que discursos y obliga a mirar el tablero completo. En esta columna, Jorge Metz, ex Subsecretario de Puertos, Vías Navegables y Marina Mercante de la Nación, analiza esa tensión.

Fecha de publicación: 23/09/2026

La conectividad aérea entre Malvinas y Chile aparece en el centro del debate planteado por Jorge Metz sobre logística, petróleo y soberanía.

Mientras la Argentina endurece su posición frente a las empresas que participan de la explotación hidrocarburífera en las Islas Malvinas, hay una cuestión que prácticamente no aparece en la discusión pública: las facilidades logísticas que permiten que esa actividad pueda desarrollarse.

Y entre ellas hay una particularmente llamativa: la conexión aérea entre las Malvinas y Chile que opera LATAM.

Desde 1999 existe un vuelo regular entre Punta Arenas y las Islas Malvinas, con dos escalas mensuales en Río Gallegos, una en cada dirección. No es una información de terceros: lo reconoce expresamente la propia Cancillería argentina. El régimen tiene su origen en los acuerdos alcanzados entre la Argentina y el Reino Unido en 1999, bajo fórmula de salvaguardia de soberanía.

Por eso, justamente, la pregunta no es si ese vuelo existe. La pregunta es otra: ¿Qué condiciones rigen hoy esa autorización y qué margen tiene la Argentina para revisarla?

Porque el escenario de 1999 cambió. Hoy las Islas Malvinas están ingresando en una nueva etapa de desarrollo petrolero.

El proyecto Sea Lion, operado por Navitas Petroleum, posee una participación del 65%, mientras Rockhopper Exploration mantiene el 35%. La propia Navitas informa que el proyecto se encuentra “under development”, que se adoptó la decisión final de inversión y que el objetivo es obtener el primer petróleo en marzo de 2028.

Pero hay algo todavía más interesante.

El propio estudio de impacto social encargado para Sea Lion analiza la conectividad aérea con Chile. Y señala expresamente que el vuelo de LATAM entre las Malvinas y Punta Arenas tiene capacidad disponible para absorber parte del aumento de demanda asociado al proyecto.

Según ese estudio, entre 2022 y 2023 el vuelo tuvo una ocupación promedio del 44%, con un promedio de 94 asientos disponibles. El mismo documento contempla que el desarrollo de Sea Lion aumentará la demanda de transporte aéreo y que el vuelo de LATAM podría absorber parte de ese incremento.

Es decir: la conexión con Chile no es solamente un dato turístico o de transporte. Forma parte del entramado logístico de un territorio en el que se está desarrollando un proyecto petrolero de enorme magnitud.

Y aquí aparece una contradicción que merece ser discutida. El Estado argentino acaba de iniciar procedimientos sancionatorios contra 45 personas y empresas por presuntas violaciones de la Ley 26.659 vinculadas con actividades hidrocarburíferas en Malvinas. El propio Gobierno informó que la medida alcanza no solamente a las empresas petroleras, sino también a accionistas y empresas que les prestan servicios.

Y eso es perfectamente coherente con el espíritu de la Ley 26.659. La norma no se limita a quien perfora.

El artículo 2 alcanza también determinadas participaciones societarias y actividades comerciales, económicas, financieras, logísticas, técnicas, de consultoría y asesoramiento vinculadas con desarrollos hidrocarburíferos que carezcan de habilitación argentina.

Entonces la pregunta es inevitable: si Argentina está dispuesta a perseguir a quienes participan o prestan servicios para la explotación petrolera en Malvinas, ¿por qué no analiza también las herramientas que posee sobre la conectividad que facilita esas actividades?

No estoy hablando de improvisar una ruptura de acuerdos internacionales. Tampoco de desconocer las obligaciones asumidas por la Argentina.

Estoy hablando de algo mucho más básico: revisar las condiciones, autorizaciones y beneficios que actualmente permiten esa conectividad y determinar si siguen siendo compatibles con el interés nacional. Por lo tanto, la discusión no es si Argentina tiene instrumentos. Los tiene. La discusión es si está dispuesta a utilizarlos dentro del marco jurídico vigente.

¿Vamos a sancionar a quienes extraen nuestro petróleo mientras seguimos facilitando, sin revisar sus condiciones, las conexiones que hacen posible la actividad?

Malvinas no se defiende solamente con comunicados. Se defiende también administrando con inteligencia cada instrumento que el Estado tiene a su disposición.

Y quizás sea hora de mirar hacia arriba.

Por: Jorge Metz
Ex Subsecretario de Puertos, Vías Navegables y Marina Mercante de la Nación

Barra lateral principal

Buscar en el sitio

Hi Fuel (Espacio Publicitario)

Confluencia Portuaria en Twitter

Confluencia Portuaria en Twitter

Footer

Secciones

  • Puertos
  • Navegando de Bolina
  • Transporte y Logística
  • Medio Ambiente
  • Interés General
    • Prefectura Naval
    • Gendarmería
    • Mendoza
    • Córdoba
    • Jujuy
    • Historia
    • Pesca España
  • Zona Franca

Buscar en Confluencia Portuaria…

Copyright © 2026 Confluencia Portuara. Todos los derechos reservados

Powered by Logo WP Experience WP Experience