
El relato nació como una fábula tecnológica: rascacielos espejados de 500 metros, taxis voladores y una ciudad que no sería ciudad, sino una línea perfecta trazada en la arena. Pero los arquitectos de esta quimera nunca leyeron al Quijote: confundieron la imaginación con la realidad y la ambición con un sueño imposible de sostener.
Vision 2030 en entredicho
La magnitud del fracaso resulta difícil de exagerar. Los Juegos Asiáticos de Invierno 2029, previstos en Trojena, fueron cancelados. La población proyectada se desplomó de nueve millones a menos de 300.000 habitantes. El Public Investment Fund recortó presupuestos en más de un 60 % y el petróleo, estancado en torno a los 60 dólares por barril, cortó el oxígeno a una utopía que exigía ingresos sostenidos muy superiores.
El golpe, sin embargo, va más allá del abandono de un megaproyecto. NEOM era la vitrina de Vision 2030, la estrategia con la que Arabia Saudita pretendía demostrar que podía diversificar su economía y dejar atrás la dependencia del crudo. Al desmoronarse, el proyecto estrella arrastra consigo la confianza en todo el programa. Los inversores internacionales, que ya miraban con cautela los “giga-proyectos”, ahora se preguntan abiertamente si cualquier iniciativa saudí puede sostenerse más allá de los anuncios espectaculares.
El reino intenta ahora reorientar NEOM hacia desarrollos más modestos: hubs de datos, logística y energía renovable. Pero el daño ya está hecho. La narrativa de transformación se debilitó y la credibilidad de Vision 2030 quedó en entredicho. Como en las viejas historias de quimeras, el espejismo se desvaneció en el desierto y dejó tras de sí una lección amarga: los sueños sin base económica ni técnica terminan convertidos en arena.
Por: Redacción

