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Neuquén y Biobío buscan salida al Pacífico, pero las obras recién arrancan en 2027
El corredor bioceánico se instala en la agenda energética con acuerdos políticos y contratos de crudo por OTASA. El paso Pichachén sigue cerrado en invierno y el GNL avanza hacia el Atlántico.

Fecha de publicación: 28/08/2026

El crudo de Vaca Muerta ya cruza los Andes por el Oleoducto Trasandino hacia el Biobío. El corredor vial por Pichachén, en cambio, tiene obras recién previstas para 2027

La relación entre Neuquén y la región chilena del Biobío cobró fuerza en los últimos meses, con reuniones entre el gobernador Rolando Figueroa y el gobernador Sergio Giacaman García, acompañados por la ministra chilena de Energía, Ximena Rincón, y autoridades de Obras Públicas en comitiva. El eje de la propuesta es el paso internacional Pichachén, que conecta el norte neuquino con la región del Biobío. Hoy, sin embargo, el paso permanece cerrado durante el invierno y el acceso argentino sigue siendo de ripio. El anuncio oficial prevé pavimentar entre 165 y 200 kilómetros de rutas provinciales —38, 57, 6 y tramos asociados— con inicio de obras hacia marzo de 2027, financiadas por créditos del CAF y el Banco Mundial aún en trámite legislativo.

Puertos del Biobío como oportunidad energética

Más allá de la infraestructura vial, el dato más sólido es la reactivación del Oleoducto Trasandino (OTASA), que volvió a operar y ya transporta crudo de Vaca Muerta hacia la refinería de ENAP en Hualpén. La empresa chilena firmó contratos de abastecimiento hasta 2033, con posibilidad de reexportar parte del crudo por el puerto de San Vicente. Este hecho marca un retorno concreto de la integración energética, más allá de los anuncios políticos.

Los puertos de San Vicente y Talcahuano, junto con el complejo industrial de ENAP Hualpén, cuentan con instalaciones que refuerzan la idea de un corredor energético. Sin embargo, la salida de gas a gran escala sigue siendo un desafío: no existe aún planta de GNL en el Pacífico vinculada a Vaca Muerta, ni aduana integrada que funcione todo el año. El antecedente de los acuerdos gasíferos de los años noventa, interrumpidos por el declino de las cuencas tradicionales, sirve como recordatorio de que la integración requiere estabilidad política y marcos regulatorios claros. Hoy, el recurso está consolidado y reestimado al alza; el riesgo es más político y de infraestructura que geológico.

Obstáculos concretos en el corredor bioceánico

El corredor enfrenta limitaciones claras. El cierre invernal del paso Pichachén reduce la previsibilidad logística. Las obras viales recién comenzarán en 2027 y dependen de financiamiento externo. El cuello de botella no es tanto una ley bilateral faltante, sino la capacidad de infraestructura, la winterización del paso y la decisión comercial de Chile de ampliar compras de gas. Además, la confusión entre corredor vial/turístico y corredor energético genera expectativas que no se corresponden con la realidad: el crudo que ya cruza lo hace por OTASA, no por camiones.

Competencia atlántica y balance estratégico

La competencia con los proyectos atlánticos es evidente. El oleoducto VMOS (Allen–Punta Colorada) avanza como vía de exportación de crudo. En paralelo, Southern Energy impulsa un proyecto de GNL flotante en el Golfo San Matías, mientras que Río Negro concentra el financiamiento más concreto para plantas de GNL vinculadas a Vaca Muerta. Bahía Blanca mantiene su rol histórico en GNL, pero hoy el foco de inversión está en la costa rionegrina. Estas iniciativas cuentan con cronogramas definidos, lo que les otorga ventaja frente a la alternativa pacífica.

El Pacífico aparece entonces como complemento, no sustituto. Puede diversificar rutas y abrir mercados asiáticos, pero no reemplaza los desarrollos atlánticos que ya están en marcha. La tensión entre ambas opciones refleja la necesidad de articular corredores energéticos que se potencien entre sí, evitando expectativas desmedidas.

La agenda Neuquén–Biobío muestra que la salida al Pacífico es una posibilidad política y logística en construcción. El retorno de OTASA y los contratos con ENAP aportan hechos concretos, mientras que las obras viales y la integración aduanera siguen pendientes. El Atlántico avanza con proyectos de GNL y terminales de líquidos, consolidando su rol como principal vía de exportación. El Pacífico, por ahora, es una alternativa complementaria que depende de infraestructura futura y acuerdos bilaterales. El futuro exportador de Vaca Muerta se definirá tanto por la política como por la capacidad de concretar obras y contratos.

Por: Redacción

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