
Siento profunda tristeza al corroborar el estado de las relaciones entre Brasil y Argentina. En el fútbol, luego en la política y en ambos casos la importancia que le profesan multitudes a estas 2 actividades del hombre, con una diferencia notable en ambos. En lo común, en el fútbol -en mayoría- llegan los más exitosos, dotados y entrenados; en contraposición a la política, dónde preponderan los menos capaces y unos cuantos fracasados en sus profesiones u oficios.
Política y diplomacia en crisis
Es muy lamentable lo sucedido entre Argentina y Brasil, muestra clara de cómo la ambición y, supuestamente, la ideología están al servicio de lo peor que tenemos los hombres: prepotencia, vanidad, necedad y egoísmo. Aun más como exponentes de gobiernos desprovistos de mayor intelecto y buen senso, como los nuestros. No haré nombres porque no es necesario, pretendo sobrevolar en lo ya sabido.
Los líderes de los dos mayores países de América (de EEUU para el sur) deberían estar a la altura del año 2026 y no como en el siglo XIX, cuando se suponían invasiones en tren entre ambos, entonces los anchos de vía se fabricaron diferentes. Ya hubo claras pruebas del justo y necesario apoyo de Brasil a Argentina, en la guerra de Malvinas y, ahora hace poco, con la divulgación de mapas oficiales con el nombre Ilhas Malvinas, como oficial para el Estado brasileño.
Pueblos hermanos y futuro compartido
Este tipo de actos es independiente del fantoche de gobierno de turno, figuras a menudo movidas a pasiones y bajezas personales. Nuestros políticos electos y funcionarios designados siguen estando muy por debajo de lo que precisa la diplomacia y las personas a pie, los normales que con sus impuestos les pagan sueldo a esta pléyade de desaforados.
Los gobiernos de países hermanos deben ser cuidadosos entre sí, los pueblos sufridos y trabajadores de ambas latitudes lo merecen. La relación entre estas naciones debería ser de armonía, trabajo y educación en conjunto, que contemple cultura en común y construcción de respeto, entre pueblos vecinos y hermanos desde la sufrida época colonial.
No es justo condenarle el futuro a las generaciones venideras, como le sucedió a la mía, en nombre de ideología mentirosa e hipócrita y lo que se enmascara tras ella. Las imbecilidades proferidas de cualquier sector no deberían ser toleradas por las personas, con un mínimo de interés por las tierras donde viven y trabajan.
Finalizo con una frase del sociólogo Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil: “Los gobiernos actuales no prestan demasiada atención a las relaciones bilaterales entre Argentina y Brasil”.

Licenciado en Historia y Oficial de la Marina Mercante

