

En el cine y en otras áreas creativas, el trabajo en conjunto es una práctica extendida desde hace años. En la pesca de altura también ocurre: barcos factoría congregan tripulaciones mixtas, con marinos argentinos y españoles, que deben convivir y coordinar esfuerzos en un entorno exigente. La colaboración es fundamental para alcanzar objetivos comunes. Cuando las personas comparten habilidades y conocimientos, se genera un aprendizaje mutuo y se fomenta la creatividad. Lo que uno no pensó, el otro sí lo hizo, y las tareas se perfeccionan.
El beneficio del trabajo en equipo es sustancial: mejora la comunicación, facilita la resolución de conflictos, permite compartir responsabilidades y reduce la carga individual. Sin esta base, ninguna alternativa asertiva sería realizable. Y cuando distintas mentes, formaciones y culturas se asocian en un barco con planta de proceso a bordo y un sistema de gestión vivo, la innovación se vuelve posible y deseable.
Desafíos de la convivencia mixta
En este abanico de tripulaciones mixtas surgen desafíos. Establecer objetivos claros no siempre es sencillo: a menudo se comparte la conducción entre el capitán argentino del barco y el capitán español designado para la pesca, lo que genera grises y superposición de decisiones. Lo mismo sucede en el departamento de máquinas, entre el jefe argentino y el técnico español asignado como garantía de mantenimiento.
Las empresas españolas ponen barcos con bandera argentina para faenar en la zona económica exclusiva del mar argentino, lo que implica contratar marinos locales para la navegación y embarcar paralelamente dotaciones españolas —en mayoría gallegos— para la pesca, la cubierta y el fileteado. Así se asigna a un baqueano español como capitán de pesca, con gran experiencia en redes pero con limitada comprensión de la responsabilidad legal que recae en el capitán argentino. De este pantano interpretativo nacen “verdaderas batallas” sobre productividad y seguridad, que se agravan por falta de comunicación efectiva, inflexibilidad y ausencia de reglas claras desde la propia empresa contratante.
Cuando finalmente se logra armonizar roles y responsabilidades, navegar con tripulación mixta resulta gratificante y el resultado de la captura es óptimo. En última instancia, es el rigor de la normativa vigente el que marca el fin de las dudas y las vanidades.
Las redes del profeta
Para ejemplificar la idoneidad y fortaleza de los españoles, Guillermo relata la historia del contramaestre Ricardo, gallego de origen y residente en La Palma. Durante una marea en aguas de abadejos, la red subió con enganches y rupturas. Ricardo, con aguja y filástica verde en mano, reparó solo el enmallado bajo viento, lluvia y temperaturas bajo cero, honrando su oficio con perseverancia y dignidad. Él, su formación, su perseverancia y una dignidad hercúlea por honrar su origen, su apellido y su noble trabajo.

El mar argentino es un entorno desafiante, con temporales, olas altas, nevadas y hielos. En estas condiciones, la planificación y la coordinación son esenciales para la seguridad del barco, la tripulación y la carga. La historia de Ricardo simboliza la resiliencia y el valor del trabajo conjunto, donde la colaboración entre galegos y argentinos se convierte en la verdadera red que sostiene la pesca de altura.
El relato también expone la tensión entre usos y costumbres distintos, la inflexibilidad y la inercia ante los cambios. Sin embargo, cuando se logra superar esas barreras, la convivencia se transforma en un motor de productividad y aprendizaje. La experiencia de Ricardo es un recordatorio de que la fortaleza individual se potencia en el marco de un esfuerzo colectivo, y que la dignidad del trabajo se expresa tanto en la cubierta como en la planta de proceso.
Consenso y equilibrio
En última instancia, lo que define el éxito de estas mareas mixtas no es solo la pericia técnica ni la resistencia física, sino la capacidad de escuchar, de adaptarse y de reconocer la autoridad que corresponde en cada ámbito. El capitán argentino, con responsabilidad legal sobre el barco, y el capitán de pesca español, con experiencia en las redes, deben encontrar un equilibrio que garantice seguridad y productividad. Lo mismo ocurre en máquinas, donde el jefe argentino y el técnico español deben coordinarse para que motores y generadores funcionen sin fallas.
La normativa vigente marca límites claros, pero es la voluntad de cooperación la que convierte esos límites en oportunidades. Cuando galegos y argentinos logran trabajar codo a codo, el mar argentino deja de ser un escenario de disputas y se convierte en un espacio de aprendizaje compartido. Allí, entre olas altas y temporales, se construye una red invisible de confianza y respeto que sostiene tanto la captura como la vida a bordo.

Licenciado en Historia y Marino Mercante

