
El comercio exterior de China alcanzó entre enero y julio de 2026 un total de 4,45 billones de dólares (30,13 billones de yuanes), con un crecimiento interanual del 17,3%, según la Administración General de Aduanas de China (GAC). Las exportaciones sumaron 2,58 billones de dólares (17,44 billones de yuanes, +14%) y las importaciones 1,87 billones de dólares (12,69 billones de yuanes, +22%). El motor principal fueron los productos eléctricos y mecánicos, que representaron el 63,8% de las ventas externas, incluyendo vehículos eléctricos, robots, impresoras 3D y turbinas eólicas.
Puertos como columna vertebral del volumen global
Los puertos de Qingdao, Shanghái, Shenzhen y Guangzhou concentran operaciones de carga y descarga de escala mundial. La infraestructura marítima china ofrece capacidad masiva y costos competitivos en largas distancias, lo que permite abastecer a mercados de Asia, América y África. Ejemplos recientes, como el servicio directo Guangzhou–Sídney de FedEx, refuerzan la conectividad aérea y marítima, consolidando la posición de China como proveedor global de módulos fotovoltaicos (80% del mercado) y equipamiento eólico (70%).
Corredores ferroviarios para resiliencia euroasiática
El China–Europe Railway Express superó los 20.000 viajes anuales en 2025 y acumuló más de 130.000 hacia mediados de 2026, consolidándose como alternativa estratégica frente a chokepoints marítimos como Ormuz, Bab el‑Mandeb o Suez. La velocidad y previsibilidad del transporte ferroviario permiten sostener cadenas de suministro críticas, especialmente en manufacturas y bienes de alto valor.
No obstante, su capacidad sigue siendo menor que la del transporte marítimo y depende de la cooperación con países de tránsito, lo que marca límites a su expansión.
Complementariedad marítimo–ferroviaria
La combinación de ambos modos es el verdadero sostén de las cifras récord. El transporte marítimo asegura volumen global y conecta a China con mercados intercontinentales, mientras que el ferroviario aporta resiliencia y velocidad en la ruta euroasiática. Juntos conforman un sistema logístico que diversifica riesgos y garantiza continuidad comercial.
Esta complementariedad no solo explica el récord de 2026, sino que proyecta influencia logística en Eurasia. Cada contenedor que parte de Qingdao y cada convoy que cruza Khorgos son piezas de un mismo engranaje: la estrategia china para blindar su comercio exterior frente a la volatilidad global y consolidar su centralidad en el mapa de la conectividad internacional.
El récord comercial de China en 2026 no se explica únicamente por la escala industrial, sino por la capacidad de articular puertos y ferrocarriles en un esquema integrado. La resiliencia logística es hoy un factor de poder: en Eurasia, la combinación marítimo–ferroviaria se ha convertido en la columna vertebral de la proyección china.
Director en Confluencia Portuaria


