
El desarrollo de infraestructura para procesar y exportar líquidos de gas natural desde Vaca Muerta se formalizó en abril de 2026, cuando Transportadora de Gas del Sur (TGS) anunció una inversión de 3.000 millones de dólares en una planta de procesamiento en Bahía Blanca. El comunicado oficial de la compañía detalló que la obra comenzará en el segundo semestre de 2026 y que la primera etapa de operaciones está prevista para 2029. Los acuerdos de suministro con YPF, Chevron y Pluspetrol aseguran más del 80% de la capacidad futura, con exportaciones estimadas en 1.200 millones de dólares anuales hacia Brasil y Asia.
Inversión y cronograma confirmado
La planta de TGS permitirá separar y procesar butano, propano y gasolina natural, productos que hasta ahora tenían un aprovechamiento limitado. Según la compañía, la construcción se dividirá en tres fases: infraestructura básica (2026‑2027), instalación de poliductos y terminales (2027‑2028) y puesta en marcha (2029). En paralelo, la Compañía Mega S.A. —integrada por YPF, Petrobras y Dow— anunció en mayo de 2026 una inversión de 360 millones de dólares para ampliar la red de transporte de líquidos hacia Bahía Blanca, con finalización prevista para 2028.
Mercados destino y comparación regional
Brasil aparece como socio prioritario, con demanda creciente de insumos energéticos y petroquímicos. Asia, en particular China, Japón y Corea del Sur, se proyecta como mercado de largo plazo. Sin embargo, la escala del proyecto argentino debe compararse con iniciativas similares: Brasil invierte más de 5.000 millones de dólares en plantas de GLP y Australia supera los 10.000 millones en proyectos de exportación de líquidos. En ese contexto, la ruta de los líquidos representa un avance significativo, pero aún modesto frente a competidores globales.
Riesgos y desafíos concretos
La magnitud del proyecto plantea desafíos técnicos, financieros y sociales. El impacto ambiental y la obtención de licencias locales en Neuquén y Bahía Blanca son factores críticos, con antecedentes de oposición comunitaria en proyectos energéticos. La dependencia de precios internacionales de GLP y nafta expone a Argentina a la volatilidad del mercado. Además, los riesgos cambiarios y de capital son relevantes: el historial de defaults en proyectos energéticos argentinos genera cautela entre inversores internacionales. La capacidad real de los puertos de Bahía Blanca también es un punto de debate, ya que requerirá ampliaciones para manejar volúmenes crecientes de exportación.
La ruta de los líquidos se inscribe en una agenda de transformación energética que combina inversiones privadas, cronogramas definidos y acuerdos internacionales. Su éxito dependerá de la capacidad de Argentina para superar riesgos regulatorios, financieros y sociales, y de consolidar su posición en un mercado global altamente competitivo.
Por: Redacción

