
Hace un tiempo me animé a decir que los buques no tripulados marcarían el comienzo del fin de la carrera de marino mercante. Parece que me quedé corto: ahora se vislumbra el mismo destino para los marinos militares. Si desde hace años se pueden controlar artefactos espaciales complejos desde un sillón con un ordenador, o realizar teleoperaciones médicas robotizadas, ¿por qué no pensar que las tripulaciones de cualquier barco se conviertan poco a poco en una especie en extinción?
De los drones al puente de mando vacío
La comparación con los aviones es inevitable. Hace años que existen sin piloto, pero las compañías aéreas mantienen a sus capitanes en cabina por una cuestión psicológica del pasajero. En el mar, esa barrera emocional parece más débil: la lógica tecnológica avanza sin freno y el puente de mando vacío ya no es una fantasía, sino un proyecto en curso.
La guerra con menos soldados y más circuitos
Uno podría pensar que menos muertes de militares es algo positivo. Pero es un pensamiento falaz: la diferencia entre un militar y un civil es apenas un “status jurídico” de un mismo ser humano. Si no muere en el frente, muere en su casa tomando mate. Seguimos siendo casi la única especie que se autoelimina, aunque ahora con menos soldados y más dispositivos automáticos, sean o no teleguiados.
El futuro: guerras sin muertos, pero con apagones
La aparente inevitabilidad de la extinción de la guerra tradicional abre paso a un escenario distinto: conflictos librados por telecontrol electromagnético. Un país podría dejar sin energía a su enemigo, bloquear sus comunicaciones o incluso modificarle el clima a voluntad. No es un futuro para brindar, pero si la alternativa es elegir entre cadáveres y la firma de un convenio comercial, me quedo con lo segundo como sublimación del belicismo humano.
En fin, querido lector, esperando que no le haya caído un dron o misil iraní, israelí o yankee al cual le falló un nano circuito de su GPS, le mando un cálido abrazo con mi respeto y cariño de siempre.
Escritor y Navegante

