
Belém, Brasil. Belém se convirtió en el epicentro de la política climática internacional. Tras los gestos simbólicos de la apertura, la COP30 entró en una fase más cruda: advertencias de la ONU, reclamos en las calles y debates incómodos sobre cómo financiar la transición energética y qué hacer con los combustibles fósiles.
Negociaciones estancadas y advertencias de la ONU
Las discusiones se frenaron por diferencias entre países desarrollados y en desarrollo. Mientras unos reclaman cerrar la brecha de mitigación para cumplir con el límite de 1,5 °C, otros exigen que se priorice el financiamiento climático pendiente. El jefe climático de la ONU, Simon Stiell, fue tajante: “No hay tiempo para retrasos ni obstrucciones”.
Protestas en Belém contra los fósiles
Miles de manifestantes marcharon con ataúdes simbólicos que llevaban las palabras “Oil”, “Coal” y “Gas”. La consigna fue clara: “Bury Fossil Fuels!” (entierren los combustibles fósiles). Fue la primera protesta masiva sin restricciones en una COP desde 2021, y expuso la distancia entre la sociedad civil y las negociaciones oficiales.
La Amazonia como símbolo global
La sede en Belém puso a la Amazonia en el centro de la agenda. Delegados y científicos recordaron que su degradación tendría consecuencias irreversibles para el planeta. La región se convirtió en un recordatorio de que la justicia climática debe incluir a comunidades locales y pueblos originarios.

Analista Internacional

