
El domingo 5 de julio, un buque de carga emitió un llamado de socorro mientras navegaba a unas 30 millas náuticas al suroeste de Hodeidah, en la costa yemení. Según el United Kingdom Maritime Trade Operations (UKMTO), una lancha rápida se aproximó al carguero y abrió fuego. Los guardias de seguridad a bordo respondieron, lo que obligó a los atacantes a retirarse hacia un barco mayor que navegaba con su sistema de identificación apagado.
El carguero y su tripulación resultaron ilesos, aunque el ataque confirma la persistente vulnerabilidad de las rutas marítimas en el Mar Rojo. Ningún grupo se adjudicó de inmediato la acción, pero las autoridades británicas recordaron que los rebeldes hutíes han amenazado con retomar ataques contra buques en la región.
Ali Ragab, editor de Voice of Emirates, señaló en su cobertura: “Este incidente refuerza los llamados internacionales a una mayor coordinación de seguridad para salvaguardar las rutas marítimas y garantizar el flujo del comercio global.”
Contexto de violencia en Yemen
El ataque al carguero coincidió con una ofensiva terrestre de los hutíes contra fuerzas gubernamentales en la misma zona. Según fuentes médicas locales, 16 soldados murieron y 22 resultaron heridos en combates al sur de Hodeidah, en uno de los enfrentamientos más violentos de los últimos años.
Los hutíes, respaldados por Irán, controlan la capital Saná y gran parte del norte de Yemen, incluido el puerto de Hodeidah. La guerra civil iniciada en 2015 ha provocado cientos de miles de muertes y una crisis humanitaria de gran escala. Aunque un alto el fuego mediado por la ONU en 2022 redujo la intensidad de los combates, los ataques recientes muestran que la tregua es frágil.
El Mar Rojo y el estrecho de Bab al‑Mandab son corredores estratégicos para el comercio mundial. Durante la guerra de Gaza, los hutíes lanzaron drones y misiles contra buques, obligando a navieras internacionales a desviar sus rutas por el Cabo de Buena Esperanza, con costos logísticos elevados.
El ataque al carguero cerca de Hodeidah confirma que la seguridad marítima en el Mar Rojo sigue siendo un desafío estructural. Aunque la tripulación salió ilesa, el episodio incrementa la presión sobre navieras, aseguradoras y organismos internacionales. En un contexto de violencia persistente en Yemen y tensiones regionales, la continuidad de los flujos comerciales depende de reforzar la cooperación multinacional y la vigilancia en corredores estratégicos.
Por: Redacción

