
Panamá dejó de ocupar el segundo lugar mundial entre los registros de buques por tonelaje después de una reducción significativa de su flota registrada durante 2026. El movimiento no solo modificó las posiciones entre las principales banderas del mundo, sino que abrió dentro del propio sector marítimo panameño una discusión sobre las razones del retroceso y la capacidad del histórico registro para competir en un mercado cada vez más exigente.
De acuerdo con datos del World Fleet Register 2026 de Clarkson Research difundidos por La Estrella de Panamá, el país registra 202,1 millones de toneladas brutas y 7.677 buques, frente a los 314,6 millones de toneladas de Liberia y los 209,4 millones de Islas Marshall, que desplazó a Panamá del segundo puesto.
La variación adquiere mayor relevancia cuando se observa su evolución reciente. Entre finales de 2025 y agosto de 2026, la flota panameña pasó de 230,5 millones a 202,1 millones de toneladas brutas, una disminución aproximada del 12,3 %.
La Autoridad Marítima de Panamá muestra actualmente en su portal cifras algo diferentes, con 7.705 buques abanderados y 196,1 millones de toneladas de registro bruto, además de 112 millones de dólares de ingreso anual al Tesoro Nacional.
Menos tonelaje, pero también una política de depuración
La posición de la administración marítima introduce un elemento central para interpretar la caída. Ramón Franco, director del Registro de Buques de Panamá, explicó que la reducción forma parte de una estrategia dirigida a mejorar la calidad de la flota, mediante una política más selectiva para admitir embarcaciones y retirar aquellas cuyo desempeño no alcance los estándares establecidos.
La pérdida de tonelaje tampoco responde a una única causa. Panamá retiró un número importante de embarcaciones para cumplir con sanciones de Estados Unidos y, paralelamente, se registraron dificultades relacionadas con detenciones de buques de bandera panameña en puertos chinos. Durante el periodo analizado también crecieron registros competidores como Islas Marshall, Bahamas y Barbados.
El debate aparece precisamente en la interpretación de estos movimientos. La depuración puede contribuir a mejorar los estándares de la flota, pero representantes del sector marítimo panameño advierten que existen otros factores que también estarían afectando al desempeño del registro.
Belisario Porras, vicepresidente de la Asociación Panameña de Derecho Marítimo, atribuyó el retroceso a una combinación de burocracia, factores geopolíticos y decisiones administrativas. Entre sus principales cuestionamientos señaló que el modelo estatal panameño no habría realizado las modificaciones necesarias para mantener su competitividad frente a registros como Liberia e Islas Marshall.
Una competencia que ya no pasa solamente por el tamaño
La discusión trasciende el lugar que Panamá ocupa en el ranking mundial. En el mercado internacional de registros, la calidad de la flota, la capacidad técnica, la atención al armador, la gestión de riesgos y los resultados frente a los controles de los Estados rectores de puerto se han convertido en factores relevantes para competir por nuevos buques.
El asunto tampoco es menor para la economía panameña. Un análisis publicado en abril por La Prensa recordó que el registro representa el 51 % de los ingresos de la Autoridad Marítima de Panamá. En 2024, la institución transfirió 112,7 millones de dólares al Gobierno Central sobre una recaudación total de 206,8 millones de dólares. Alrededor del registro funciona además una red de servicios jurídicos, técnicos, logísticos, de inspección y certificación.
La pérdida del segundo puesto mundial constituye así una señal más amplia que una simple modificación estadística. Panamá continúa administrando una de las mayores flotas mercantes del planeta, pero el descenso de su tonelaje coincide con un debate interno acerca de la modernización, la eficiencia y el modelo con el que deberá competir frente a registros que continúan ganando terreno.
La cuestión que queda abierta no es solamente si Panamá puede recuperar una posición en el ranking. El desafío pasa por determinar si la reducción actual representa el coste temporal de construir una flota de mayor calidad o si revela problemas de competitividad que requieren cambios más profundos en uno de los principales activos marítimos del país.
Por: Redacción

