
Estados Unidos y China acordaron extender durante dos meses la tregua comercial alcanzada el año pasado en Busan, una decisión que también posterga la posible reactivación de las tasas portuarias recíprocas aplicadas a buques vinculados con ambos países.
La extensión lleva el plazo del acuerdo, que debía finalizar el próximo 10 de noviembre, hasta el 10 de enero de 2027 y proporciona un nuevo margen para las negociaciones destinadas a alcanzar un entendimiento económico más amplio entre Washington y Pekín.
Para el transporte marítimo, la decisión tiene especial relevancia. El acuerdo alcanzado en 2025 había suspendido las medidas estadounidenses dirigidas contra los sectores marítimo, logístico y de construcción naval de China, así como las tasas especiales adoptadas posteriormente por Pekín contra embarcaciones relacionadas con Estados Unidos.
Una disputa que llegó directamente a los puertos
Las medidas habían abierto un nuevo frente dentro de la competencia comercial entre las dos mayores economías del mundo.
Estados Unidos desarrolló su esquema bajo la Sección 301 de su legislación comercial, después de una investigación sobre las políticas y prácticas de China en los sectores marítimo, logístico y naval. El régimen alcanzaba, bajo distintos criterios, a buques pertenecientes u operados por empresas chinas y a determinadas embarcaciones construidas en astilleros del país asiático.
China respondió con su propio sistema de tasas portuarias especiales dirigido a embarcaciones con vínculos estadounidenses.
Ambas medidas llegaron a entrar en vigor en octubre de 2025, pero tuvieron una aplicación relativamente breve. El entendimiento alcanzado posteriormente entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping permitió suspenderlas desde el 10 de noviembre por un período de un año.
La nueva extensión modifica nuevamente ese horizonte. De concretarse las medidas administrativas correspondientes, las tasas permanecerán suspendidas hasta el 10 de enero próximo. La distinción es importante: la tregua no supone la eliminación definitiva de los mecanismos creados por ambos gobiernos. Lo que permanece congelado es su aplicación.
La construcción naval permanece detrás de la negociación
El capítulo portuario forma parte de una disputa económica de dimensiones mayores, pero su origen estadounidense está directamente relacionado con la creciente competencia alrededor de la industria naval.
Washington vinculó inicialmente las medidas con las prácticas de China en los sectores marítimo, logístico y de construcción naval, una industria en la que el país asiático alcanzó una posición central dentro del mercado internacional. Las tasas portuarias introducían así un elemento adicional en la competencia entre ambas potencias: la posibilidad de utilizar el acceso a los puertos y el origen, propiedad u operación de los buques como herramientas de política comercial.
La extensión de la tregua reduce, por el momento, la posibilidad de que ese escenario vuelva a trasladarse inmediatamente a las operaciones marítimas entre ambos mercados.
Sin embargo, el acuerdo anunciado mantiene abierta la negociación. Estados Unidos y China dispondrán ahora de dos meses adicionales para intentar avanzar hacia un entendimiento económico más amplio o definir una nueva prórroga.
Para navieras y operadores, el 10 de enero de 2027 aparece así como la nueva fecha a observar. Las tasas portuarias dejaron de ser una amenaza inmediata, pero continúan formando parte de una disputa comercial en la que el transporte marítimo y la construcción naval ocupan un lugar cada vez más visible.

Director en Confluencia Portuaria

