
El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, fue cerrado en marzo de 2026 debido a tensiones militares en la región. La medida generó un shock inmediato en el mercado de tanqueros: el Baltic Exchange reportó volatilidad extrema, con tarifas que se dispararon y luego cayeron abruptamente en cuestión de días.
Los armadores enfrentaron incertidumbre sobre rutas y costos, mientras importadores y exportadores buscaban alternativas para sostener el flujo energético. “El cierre de Ormuz es un recordatorio de la fragilidad del comercio global cuando depende de un solo paso estratégico”, señaló un analista marítimo.
Sin embargo, la alta demanda de crudo en Asia y Europa evitó que el impacto fuera devastador. Los tanqueros siguieron operando, aunque con mayores costos y tiempos de traslado, gracias a la capacidad de desvío hacia puertos alternativos.
Yanbu y la válvula de escape saudí
Arabia Saudita activó su infraestructura de respaldo: el oleoducto Este-Oeste, que conecta los campos petroleros del Golfo con el puerto de Yanbu en el Mar Rojo. Allí, los VLCC (Very Large Crude Carriers) cargaron crudo destinado a China, India y otros mercados, evitando el paso por Ormuz.
Yanbu se convirtió en la “válvula de escape” que permitió sostener el comercio energético. “La capacidad de desviar cargas hacia el Mar Rojo es lo que evitó un colapso total”, explicó un ejecutivo de una naviera internacional.
La estrategia saudí mostró la importancia de contar con infraestructura diversificada. Aunque la capacidad de Yanbu no puede reemplazar completamente a Ormuz, su rol fue decisivo para amortiguar el impacto. Las obras de modernización y dragado realizadas en los últimos años facilitaron la llegada de buques de gran porte, consolidando al puerto como actor logístico central.
Resiliencia logística y lecciones para Sudamérica
El episodio dejó en claro que la resiliencia logística depende de la diversificación de rutas y de la capacidad de los puertos de adaptarse a crisis globales. Arabia Saudita demostró que contar con infraestructura alternativa puede sostener el comercio incluso en escenarios de cierre estratégico.
“Los puertos no pueden ser islas; deben integrarse a sistemas multimodales que les den flexibilidad y resiliencia”, afirmó un especialista en logística regional.
El cierre de Ormuz es un recordatorio de la vulnerabilidad del comercio global. Sin embargo, la alta demanda y la capacidad de los puertos saudíes, especialmente Yanbu, evitaron un colapso total en el mercado de tanqueros. La resiliencia logística y la diversificación de rutas se consolidaron como pilares de la competitividad internacional.
Para Argentina y la región, la enseñanza es clara: invertir en infraestructura intermodal y diversificada no es un lujo, sino una necesidad estratégica. La continuidad del comercio depende de la capacidad de los puertos de adaptarse a crisis globales, tal como lo demostró Arabia Saudita en el Mar Rojo.
Por: Redacción

