
La Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR) anunció el cierre anticipado de la temporada de pesca de krill tras alcanzar el tope de 620.000 toneladas. El dato, que marca un récord histórico, expone una tensión creciente entre la demanda global de este crustáceo y la capacidad de los ecosistemas australes para sostenerla.
El krill, base de la cadena alimentaria antártica, es también un actor clave en la regulación climática: captura y transporta al fondo marino unas 20 millones de toneladas de CO₂ por año, según estimaciones científicas. Su sobreexplotación no solo afecta a la fauna marina, sino que debilita un mecanismo natural de mitigación del cambio climático.
Ballenas, pingüinos y focas en competencia desigual
La decisión de CCAMLR incluyó el levantamiento de restricciones geográficas, lo que permitió a las flotas concentrarse en zonas de alta productividad… y alta biodiversidad. ONG como Sea Shepherd y Pew Ocean Legacy advierten que esta concentración se da en áreas de alimentación de ballenas jorobadas, pingüinos emperador y focas de Weddell.
“La biomasa total puede parecer sostenible, pero si toda la pesca se concentra en un solo punto, el impacto local es devastador”, señalan desde Sea Shepherd. La analogía es contundente: “Es como decir que se cazó solo el 1% de los ciervos de EE.UU., pero todos en Rhode Island”.
Un mercado que no distingue entre Omega-3 y equilibrio ecológico
El krill se ha convertido en un commodity global. Se lo utiliza para producir aceite Omega-3, alimento para peces de criadero y comida para mascotas. Empresas como Aker BioMarine lideran la captura con supertrawlers que operan en zonas sensibles, mientras la diplomacia internacional no logra acordar nuevas áreas marinas protegidas.
En 2024, los países miembros de CCAMLR no lograron consensuar un plan de manejo actualizado ni avanzar en la creación de una reserva marina del tamaño de California. La falta de acuerdo dejó vía libre a una presión pesquera que, aunque legal, genera alertas científicas y ecológicas.
Un equilibrio que se rompe en silencio
La pesca de krill no es nueva, pero su escala actual sí. Tras la caída de la URSS, la actividad se redujo, pero volvió a crecer con fuerza desde 2006. Hoy, la combinación de demanda comercial, falta de regulación espacial y ausencia de consenso diplomático pone en jaque un equilibrio que parecía estable.
El cierre anticipado de la temporada no es solo un dato técnico: es una señal de que el modelo actual de explotación del krill necesita revisión. No se trata de frenar la pesca, sino de repensar su distribución, su impacto y su rol en el ecosistema antártico.
Por: Redacción