
Argentina transporta más del 90% de su carga terrestre por camión. Esta concentración genera costos logísticos elevados, deterioro vial, emisiones crecientes y riesgos de seguridad. Mientras tanto, el tren —más eficiente en distancias largas y cargas pesadas— apenas participa con un 5% del volumen total. ¿Estamos frente a una competencia innecesaria o ante una oportunidad de integración?
Ventajas y límites de cada modo
El camión ofrece flexibilidad, capilaridad territorial y rapidez en distancias cortas. Es insustituible en la “última milla” y vital para zonas sin infraestructura ferroviaria. Pero su sobreuso en rutas no preparadas genera externalidades negativas: mayor siniestralidad, desgaste vial y emisiones contaminantes.
El tren, por su parte, puede transportar grandes volúmenes a menor costo y con menor impacto ambiental. Un convoy de 100 vagones reemplaza a 100 camiones, con una huella de carbono significativamente inferior. Sin embargo, su rigidez operativa y la falta de nodos intermodales limitan su alcance.
Qué dicen los actores del sector
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) propone una lógica de complementación: tren para larga distancia, camión para distribución regional. Destaca el rol del camión en la última milla y el valor estratégico del tren para mejorar la competitividad de las pymes.
La Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), en cambio, defiende el protagonismo del camión y advierte sobre los subsidios ferroviarios, que —según ellos— generan competencia desleal. Su enfoque es gremial y técnico, con énfasis en la presión fiscal y el deterioro de rutas.
FAETyL, por su parte, promueve una visión integradora: intermodalismo como política pública, con inversión en nodos logísticos y planificación federal. Y desde el ámbito técnico, expertos como Carlos Alonso (ALAF) y María Eugenia Cortona (UNSAM) coinciden en que la complementariedad es posible, pero exige infraestructura y coordinación.
¿Por qué está subutilizado el tren?
Es probable que algunos actores cuestionen la viabilidad del tren señalando el mal estado de la red ferroviaria. Y tienen razón en parte: la infraestructura está deteriorada, el material rodante es insuficiente y los trazados no responden a una lógica productiva actual. Pero culpar al tren por su subutilización es como culpar a una autopista por no tener autos si nunca se habilitaron los accesos.
La falta de nodos intermodales, la escasa inversión sostenida y la débil planificación federal explican por qué el tren no logra integrarse. Sin embargo, su potencial sigue intacto: menor costo por tonelada, menor impacto ambiental y mayor capacidad de carga. La clave está en diseñar una red logística que lo incluya, no en descartarlo por su estado actual.
Hacia una logística estratégica
La solución no está en elegir entre camión o tren, sino en diseñar una matriz logística integrada. Esto implica:
- Usar el tren para distancias largas y cargas pesadas
- Reservar el camión para distribución regional y última milla
- Invertir en nodos intermodales y trazados ferroviarios activos
- Coordinar actores públicos y privados con visión federal
Esta lógica permitiría reducir costos, descongestionar rutas, mejorar la seguridad vial y avanzar hacia una logística más sostenible.
Una mirada institucional
Confluencia Portuaria propone abordar el debate con rigor técnico y mirada estratégica. No se trata de polemizar, sino de construir soluciones. La complementariedad entre camión y tren no es una utopía: es una necesidad urgente para el desarrollo logístico argentino.
Por: Redacción

