
El conflicto en Medio Oriente ha disparado los costos logísticos globales, con cruces marítimos que alcanzan cifras extraordinarias. Esta situación repercute directamente en las cadenas de suministro de granos y en la planificación agrícola de los principales países productores.
El encarecimiento del petróleo y el gas se traduce en fertilizantes más caros, lo que condiciona las decisiones de siembra. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ya proyecta un recorte de 1,9 millones de hectáreas en maíz y un aumento de 1,4 millones de hectáreas en soja, reflejando cómo la energía y la logística se entrelazan con la producción.
Repercusiones en Argentina
En el plano local, la comercialización de soja muestra un retraso: apenas un 7% de la cosecha ha sido vendido, frente al 10% histórico. En contraste, la cosecha de maíz exhibe rindes sólidos, con un promedio de 85,3 qq/ha, confirmando la recuperación productiva tras campañas afectadas por sequías. Sin embargo, los costos internacionales amenazan con trasladarse a las exportaciones argentinas, reduciendo márgenes y competitividad. El trigo enfrenta un equilibrio delicado: los altos costos de fertilización y la incertidumbre global podrían condicionar la próxima campaña.
“Los números cierran en el campo, pero cuando miramos el costo del flete y los insumos, la cuenta se complica”, señaló un productor de la zona núcleo, reflejando la tensión que atraviesa el sector.
Perspectiva portuaria e institucional
Las cámaras portuarias y agroexportadoras observan con preocupación la inestabilidad internacional. La necesidad de políticas públicas que amortigüen el impacto se vuelve evidente: subsidios a fertilizantes, incentivos a la siembra de trigo y estrategias de diversificación logística son algunas de las alternativas en discusión. En comparación, Brasil y Estados Unidos muestran respuestas más rápidas en términos de siembra y comercialización, lo que plantea un desafío adicional para la competitividad del Mercosur.
“Si los costos de seguros marítimos siguen escalando, la salida por nuestros puertos se vuelve menos competitiva”, advirtió un referente de una cámara exportadora, subrayando la importancia de anticipar escenarios y negociar condiciones más favorables.
El conflicto en Medio Oriente no solo redefine el mercado global de granos, sino que también expone la vulnerabilidad de la logística agroexportadora argentina. Construir capacidad de adaptación logística y fortalecer la resiliencia del sistema portuario se vuelve clave para sostener la competitividad en un contexto internacional marcado por la incertidumbre. La coyuntura invita a una reflexión institucional: la interdependencia entre energía, transporte y producción agrícola exige respuestas coordinadas que trasciendan lo coyuntural y fortalezcan la posición argentina en el comercio mundial de granos.
Por: Redacción

