
La decisión de DSV de abandonar el corredor ferroviario ruso responde a una política estricta de alineación con sanciones y marcos regulatorios occidentales. Tras la integración de DB Schenker en 2025, la compañía danesa optó por cortar cualquier vínculo operativo con Rusia y Bielorrusia, salvo en casos de ayuda humanitaria.
Dos caminos divergentes
En paralelo, DHL observa un repunte en la demanda de transporte ferroviario a través de Rusia. El argumento es pragmático: el tránsito hacia terceros países vía territorio ruso no está prohibido por la Unión Europea, y ofrece tiempos competitivos frente a rutas marítimas más largas y costosas.
El contraste revela dos prioridades distintas:
- DSV privilegia la legitimidad institucional y la reputación, aunque ello implique perder clientes que buscan eficiencia en rutas euroasiáticas.
- DHL apuesta por mantener acceso a un corredor operativo, con la ventaja de costos y tiempos, pero expuesto a críticas políticas y al riesgo de sanciones futuras.
Implicancias globales
La salida de DSV refuerza la tendencia de los operadores europeos a diversificar rutas: Mar Negro, Turquía, corredores bioceánicos en América Latina. DHL, en cambio, busca sostener la conectividad euroasiática a través de Rusia, aun en un contexto de incertidumbre geopolítica.
Este contraste refleja cómo la gobernanza logística global está fragmentada: algunos actores priorizan la seguridad reputacional, otros la eficiencia operativa. Para América Latina, el mensaje es claro: la inestabilidad en corredores tradicionales abre oportunidades para consolidar rutas seguras y estables, capaces de captar tráficos desviados de Europa–Asia.
El caso DHL–DSV sintetiza la tensión actual en la logística internacional: ¿eficiencia o legitimidad? Mientras unos cierran puertas para proteger su reputación, otros las mantienen abiertas para sostener competitividad. En logística global, nadie es demasiado malo mientras pueda hacer buenos negocios. El dilema es si la reputación vale más que la eficiencia.
Por: Redacción

